Cultura 10 Jun 2013
Un café ufológico para mí

Uno no puede decir que conoce bien la sociedad si nunca asistió a un encuentro sobre OVNIS. 

No son amigos. No se juntan a hablar de fútbol ni de mujeres. Tampoco tienen negocios en común ni están buscando pareja. No persiguen una causa noble ni quieren cambiar el mundo. Los primeros jueves de cada mes, unas quince, veinte, treinta personas se reúnen para hablar de una sola cosa: OVNIS. Y experiencias afines.

Río54 es el primer Café Ufológico de la Argentina que funciona desde hace tres años en el bar La Subasta, ubicado en el barrio de Caballito, sobre la calle Río de Janeiro 54 (de allí, su nombre). Los encuentros están coordinados por sus padres fundadores: los aficionados Rubén Morales y Mario Lupo, dos hombres de unos 50 años que una tarde de 2010 se juntaron en ese mismo lugar a charlar de ufología y pensaron que estaría bueno reunirse más seguido y abrir la convocatoria a sus amigos. Así, el proyecto fue creciendo y encontrando interés en otras partes del país: en la actualidad hay cafés ufológicos en nueve ciudades.

A la reunión de abril llegué temprano, como quien va a ver a su equipo de visitante y quiere conseguir una buena ubicación. El lugar lo conocía, pero esta vez era diferente. No bien entré por la puertita angosta de vidrio que separa el ruido de la calle del bar, recordé las indicaciones que me había dado Rubén días atrás, vía correo electrónico: "Vamos a estar al fondo, pasando la barra". Luego de esquivar un par de mozos me encontré con unas seis o siete personas, las más puntuales, sentadas alrededor de varias mesas que, unidas entre sí, formaban una sola, grande. En ella estaban desparramados libros, artículos periodísticos, documentos y revistas (de todo tipo y color) de los años 70. Todos, de una u otra manera, hablaban de OVNIS, o más bien de ufología.

La ufología, aunque suene a ciencia, no lo es. La RAE la define como un "simulacro de investigación científica basado en la creencia de que ciertos objetos voladores no identificados son naves espaciales de procedencia extraterrestre". Linda forma de despegarse encontró la Real Academia. Sin embargo, según la Guía Biográfica de la Ufología en la Argentina (obsequio que recibí por parte de Río54 y que agradezco), la ovnilogía -traducción del anglicismo- es el "estudio sistematizado de las manifestaciones aéreas inusuales conocidas habitualmente como OVNIS". Es decir, el análisis del material recabado a partir de una experiencia ufológica: testimonios, fotos, videos, huellas, etc.

Al ratito llegaron dos personas más. Un hombre algo calvo, que -me dijeron- "investigó mucho sobre el tema" y que, no bien se sentó, aportó material que fue rápidamente consultado por los presentes. Luego, apareció otro que inevitablemente se distinguía del resto. Este tipo no era un oficinista, claramente no atendía un negocio minorista ni se dedicaba a la venta de inmuebles (como aparentaban los otros). Usaba una barba larga y canosa, y sus rastas grises por debajo de los hombros le daban un aspecto algo desalineado. Más tarde, caería un chico de unos 20 años y dos parejas jóvenes, que acudían por primera vez.

En todo ese crisol de gente, yo era un poco sapo de otro pozo. Si bien expliqué de dónde y para qué me acercaba a ese espacio, mi presencia generó desconfianza. "Te dejamos grabar, pero tené en cuenta que estas reuniones no se graban", me dijo uno de los coordinadores. Le aclaré que no publicaría los nombres de nadie, sino que mi intención era recordar con más precisión aquello que fuera a suceder de ahí en más. No sé si lo convenció, pero supongo que la ilusión de aparecer en una revista pudo más que sus sospechas acerca de mi posible participación en la CIA.

"Todavía esto no empezó. Ahora parece todo un quilombo, pero las reuniones tienen cierta organización", me adelantó la mujer que estaba sentada a mi lado, al ver el barullo que había. La rubia de unos 60 años, empleada pública y ya habitué de los cafés de los primeros jueves del mes, tenía razón: media hora más tarde, una vez que el número de asistentes se había "al menos" duplicado, Rubén dio comienzo al ritual. Prendió el micrófono que utilizan en todas las reuniones ("a veces somos tantos que no nos escuchamos") y comenzó haciendo referencia a un tema que poco tenía que ver con los extraterrestres pero que había sido la noticia de la semana: las inundaciones a causa del temporal. A raíz de ese comentario, el debate acerca del trágico suceso comenzó y aunque Rubén quiso frenarlo en varias oportunidades, ponerle fin de una vez a tanta chácharra sobre políticas públicas y negligencia estatal, no hubo caso: los asistentes insistían en debatir qué no se hizo para evitar tantas muertes.

Fue curioso cómo se fueron 30, 40, 50 minutos repasando lo ocurrido, compartiendo testimonios (había una pareja de La Plata), intercambiando la vida. Y es que, como cualquiera de nosotros, los fanáticos de los OVNIS también están atravesados por la realidad material. Y también disienten sobre política: "Acá está todo bien con todos, pero aquel tiene opiniones un poco retrógradas a veces", me asegura alguien, a modo de confidencia. De ufología, hasta ahí, poco. Algunos recordaron ciertas profecías sobre catástrofes causadas por diluvios y hablaron de la existencia de mapas que muestran las zonas altas que quedarían a salvo, así como también mencionaron el "proyecto de evacuación" del planeta, diseñado en la década del 80.

La diversidad de pareceres, rangos etarios y clases sociales es, quizá, parte del objetivo del proyecto. Si tenés $20 para pagarte el café que te pidas, estás adentro. Y si no los tenés, no consumís nada y listo. En el Café Ufológico de Caballito no hay requisitos para participar. "No son grupos de investigación, ni siquiera grupos de opinión. Viven de la diversidad, de la libertad de palabra, de respetar al que piensa distinto, de escucharlo y que nos escuche", expresan los organizadores. "Esta es una fundamental diferencia de funcionamiento con otras estructuras aglutinantes conocidas, como los grupos ufológicos y las federaciones o redes de grupos, donde la agregación de miembros se hace en función de una línea de pensamiento centralizada y prevalece un ideal de homogeneidad. Ese estilo de organización es válido y operativo a sus fines, pero difiere totalmente del que caracteriza a un café ufológico", aclaran en el blog de Río54, en el que comparten las crónicas de los encuentros, entre otras noticias sobre ufología.

Tras la disputa político-social sobre la problemática climatológica, llegaron las historias del tercer tipo. La cosa es así: el que tiene el micrófono se presenta y comienza su relato de la o las experiencias paranormales que lo llevaron hasta La Subasta, un jueves a las seis y media de la tarde. El resto escucha atentamente, anota y luego pregunta. Nadie desacredita a nadie, aunque, por lo bajo o con algún gesto, es posible encontrar algunos signos de desconfianza: "Hay uno que hoy no vino pero que ve una luz y ya piensa que es un OVNI".

Gastón (llamémosle así, para no comprometer a nadie) cuenta que se acercó a Río54 porque, de un tiempo a esta parte, le fueron sucediendo cosas extrañas. "Una vez estaba durmiendo en mi cama y sentí que alguien me agarraba la pierna. Cuando abrí los ojos vi a un sujeto de unos dos metros que llevaba una capa gris y estaba encapuchado". "¿Cómo sabés que no fue un sueño?", pregunta uno, hurgando en el relato. "Sé que no lo soñé -dice Gastón, convencido-. Estoy seguro de que estaba despierto. Después cerré los ojos del miedo y cuando volví a abrirlos, ya no estaba". Son como 20 los que cuestionan, entre café con leche y medialunas, aquello que se va poniendo en común.

El hombre de las rastas largas, de unos treinta y cinco años, aprovecha para comentarme algo acerca de las llamadas "visitas de dormitorio", una especie de abducción hogareña. Parece que los encuentros con seres ajenos a la raza humana no ocurren solo en descampados, sin acceso a Internet y mientras uno está de vacaciones. No. Según me explica, hay múltiples testimonios de personas que aseguran haber sido visitados durante las noches. Medio de improviso surge una conversación paralela, casi personal.

-¿Siempre creíste en esto? Le pregunto, después de sentir que gané su confianza.

-No, siempre fui bastante reticente a pensar que existen platos voladores y todo eso.

-Entonces, ¿fue a partir de una experiencia personal que te empezaste a interesar?

-Mmm... a mí nunca me pasó nada loco. ¿Vos tomaste ácidos alguna vez?

Me sorprende con la pregunta. Contesto que no.

-Bueno, en mi caso fue a raíz de algunas experiencias que tuve con psicodélicos que se me abrió la cabeza, empecé a entender la posibilidad de que existan otras cosas, otras dimensiones. Me di cuenta de que el abanico de posibilidades es muy grande. Ahí empecé a investigar y me encontré con un montón de teorías. Ninguna es la verdad, pero sí pienso que lo que se escucha a menudo sobre los OVNIS y los extraterrestres se queda en la superficie.

Toda esa ridiculización que se hace del tema sirve para tapar ideas muy interesantes, como la de Jaques Vallée.

Valleé es un astrofísico que acuñó la idea de que los extraterrestres no tienen por qué proceder solo de otros planetas, sino que pueden venir de otras dimensiones.

Me recomienda algunos otros autores más, entre otros, el libro de Juan Acevedo "Los extraños", una recopilación de abducciones extraterrestres en la Argentina.

Se hacen ya las nueve y media y algunos empiezan a irse. Antes, Rubén reparte unos numeritos y hace un sorteo de revistas, artículos y libros. Cuando sale mi número, el coordinador elige darme un libro, la Guía Biográfica de la Ufología en la Argentina, "por ser la primera vez" que asisto. Ya no soy tan visitante.

Salgo del bar, me subo al 15 y pienso en la gente que acabo de conocer, tan preocupada por lo estrictamente incomprobable. Recuerdo a Kundera: "Las preguntas que no tienen respuesta son las que determinan las posibilidades del ser humano, son las que trazan las fronteras de la existencia del hombre". ¿Existen los extraterrestres? Quién sabe. Y qué importa.

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