Cine y TV 10 Feb 2014
Starship Buttfuck

Orden vs auto-organización: Jonah y Juan se embarcan en un double dutch rudder lacaniano para analizar las implicancias sobre la violencia en Starship Troopers

Starship Troopers (1959) es el lisérgico libro de guerra escrito por Robert Heinlein que a primera lectura juramos no entender si se trataba de una parodia o no. Es como si Barry Goldwater1 se hubiera clavado una pepa en el ojo y luego escrito una novela. Heinlein decía que la inspiración le llegó en 1958 después de ver una publicidad hecha por una agrupación política en contra del uso de armas nucleares. Se indignó tanto que armó su propia ONG, The Patrick Henry League, para avanzar en el desarrollo y detonación de aún más armas nucleares. Y cuando nadie le dio bola, escribió este libro.  

Starship Troopers (1997) también es la lisérgica película de guerra de Paul Verhoeven (Total Recall, Robocop) basada en la novela de Heinlein. Dicen que Verhoeven dejó de leerla después de los dos primeros capítulos por considerarla "aburrida y depresiva", aunque de alguna manera logró adaptarla al cine, convirtiéndola en la segunda película más cara de la historia el año de su estreno.

El ala no claudicante de Velociraptors se reunió para ver esta cinta e intercambió por correo unas notas mentales sobre la invasión de insectos sociales más asquerosa del cine de industria. Lo que sigue recopila algo de ese diálogo epistolar.

Jonah: Buenos Aires. El futuro. Ya se ha logrado el sueño de la clase media de Caballito: colegios limpios e hijos altos y rubios. El deporte nacional es el football americano. Ni hablar de la membresía de la Argentina en la agrupación mundial post-neoliberal que gobierna La Tierra. Todos tenemos smart TVs. Vivimos en domos geodésicos sin vecinos en el medio del desierto. Los únicos que gozan de derechos como ciudadanos son los milicos. Todo funciona como se debe. Pero con tan solo lanzarnos un asteroide desde Klendathu, los arácnidos lograron lo que acá no pudimos en 500 años: matarlos a todos.

Juan: La respuesta humana al ataque: GUERRA TOTAL sin piedad, sin concesiones, sin remordimiento. La solución final es el exterminio de un enemigo con el cual no hay ni la más mínima chance de entenderse, ya que desde la perspectiva humana no son más que una manga de insectos irreflexivos cuya única reacción ante el encuentro con nuestra especie es la de aniquilación.

El gobierno de la Tierra está conformado por una junta militar de veteranos de guerra con  ánimo expansionista conocida como La Federación. De ella sólo pueden participar como ciudadanos con derecho a voto los que hayan realizado el servicio militar. Se trata de un gobierno completamente jerarquizado.

Así, la humanidad cohesionada bajo un mando único y un orden férreo emprende su expedición intergaláctica hacia el exterminio definitivo de la amenaza. Una última cruzada para vengar el ataque sobre Buenos Aires y ¿por qué no? exterminar la escoria espacial.

Verhoeven nació en Holanda en 1938 y para 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, su familia se instaló en La Haya, la ciudad donde Alemania tuvo su base en los Países Bajos durante la ocupación. Desde allí lanzaban misiles balísticos de tipo V1 y V2 y era bastante común encontrar cadáveres tirados en la calle que los nazis obligaban a los niños a ver, para disuadir a la resistencia holandesa (Cfr.: Velociraptors, vol 3.5, nazis en la Argentina).

Como buen huérfano ideológico queriendo reivindicar su Síndrome de Estocolmo, Verhoeven está fascinado con los neo-liberales/fachos. O para usar el neologismo que empezó a cobrar cada vez más relevancia desde el mandato de Bush II: los neocons, que vendrían a ser el ala dentro del movimiento conservador que busca la hegemonía mundial por medio de la alianza entre el mercado y el ejército. Tanto en Robocop como en El vengador del futuro el monopolio de la violencia ha sido tercerizado al sector privado para que el mercado avance con mayor fluidez generando en consecuencia las distopías en las que transcurren los relatos.  

Paul Verhoeven utiliza como excusa el enfrentamiento entre la humanidad -organizada en un estado de orden perfecto- y una raza de insectos alienígenas interespaciales, para hacer una revisión del concepto de violencia como mecanismo de interacción entre especies. Como bien explica el teniente Rasczak en su diálogo inicial con Johnny Rico, nuestro blondo protagonista, "la fuerza bruta ha resuelto más conflictos a través de la historia que cualquier otro factor". No hay otra.

El ejército intenta fumigar a los bichos sin tratar de entenderlos, y la dicotomía más interesante de la película surge justo en esa brecha del no entender: dos formas posibles de gobernar una sociedad. U obediencia jerárquica bajo la amenaza de fuerza brutal, o un sistema de castas donde la población se "reproduce en números vastos, sin ego, sin miedo, sin una conciencia de la muerte: un integrante de la sociedad perfectamente abnegado". Para Verhoeven estos son los dos mundos concebibles, y son completamente incompatibles uno con el otro.

Estos dos modos de estructurar sociedades podrían dividirse según dos conceptos: orden jerárquico y auto-organización.

Por un lado, los humanos se valen del orden para lograr una sociedad jerarquizada en la cual cada estrato cumple una función en pos de UN y nada más que UN objetivo: la supervivencia. Este orden es positivo en el sentido jurídico. Es un estado que ejerce la violencia en dos sentidos: uno centrífugo, hacia fuera y contra todo lo que se oponga a la supervivencia. Y el otro centrípeto, una violencia al interior de la sociedad que ordena la vida toda de los ciudadanos. De esta forma y a través de un orden incuestionable, la sociedad se convierte en una máquina de guerra super eficiente. Una especie de reproducción del ideal Espartano.

Por el otro lado tenemos a los insectos espaciales que representan algo así como la auto-organización. Es decir una organización no jerárquica pero que responde directamente a capacidades naturales de los individuos que la componen. La infantería son insectos que caminan y cortan. La fuerza aérea son insectos que vuelan. La artillería son insectos que escupen bolas de energía por el culo. Los generales son bolas amorfas de neurotransistores. Insectos-Cerebros gigantes. No existe jerarquía. Existe función. Sin embargo el objetivo es el mismo: la supervivencia. Y la violencia entre especies, el único idioma común, el único campo donde ambas especies pueden establecer un diálogo, a piñas.

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