Cultura 27 Jul 2017
Paleografia para principiantes

Velociraptors dedica este artículo a uno de los más importantes repositorios bibliográficos medievales actualizados de Hispanoamérica que acaba de visitar, en algún recoveco del Palacio Pizzurno. Allí, la revista participó de un tour paleográfico por una surtida colección de libros antiguos y facsímiles de manuscritos medievales.

La comunidad desorganizada que hace esta revista tiene una inclinación hacia las excursiones por museos, bibliotecas y archivos de dominio público. En estos lugares –que funcionan como memoriosos custodios de la cultura y el conocimiento de una sociedad–, un velociraptor de bien encuentra calma y sosiego mientras hace todo lo que le gusta: aprende, investiga, boludea y admira materiales a los que llega deliberadamente o por azar.
Como suerte de segunda instancia de estas mismas prácticas, considera menester socializar el dato de los lugares que frecuenta. El patrimonio que descansa en ellos espera con avidez la visita de otros ojos, de otras manos que, cual actor con complejo de inseguridad, le recuerden lo importante que es, que exhibirse vale la pena.  


En virtud de ello, Velociraptors dedica este artículo a uno de los más importantes repositorios bibliográficos medievales actualizados de Hispanoamérica que acaba de conocer. Se trata de dos colecciones que yacen juntas en un repliegue algo escondido del Palacio Pizzurno: la biblioteca del Seminario de Edición y Crítica Textual (SECRIT) “Germán Orduna” y la del Centro Argentino de Estudios Históricos (CADEHISA) “Don Claudio Sánchez Albornoz”. Allí pululan coniceteanos y coniceteanas corte Humanidades que se dedican a estudiar los problemas y métodos de edición y crítica del texto de obras en español desde la Edad Media hasta nuestros días, así como también a investigaciones codicológicas y de temas de lengua, estructura y estilo vinculados al texto o a la historia del texto.

En este lugar con atmósfera de sótano intimista, convive una colección surtida de libros antiguos en español –algunos del siglo XVI– y hermosas versiones facsimilares de manuscritos medievales e impresos.

Quehacer de biblioteca: Custodiar, mantener y difundir un acervo bibliográfico. 

 Impreso original: Aragonensium rerum commentarii (Comentarios de las cosas de Aragón), 1588.

Versión facsimilar del manuscrito de Las Mocedades de Rodrigo, circa 1360.

Oficia de anfitriona Mercedes Rodríguez Temperley, doctora en Letras por la Universidad Nacional de La Plata, investigadora del CONICET y docente universitaria. Lejos de confundir erudición con solemnidad, Mercedes –que sabe muchísimo sobre la historia del libro– despliega la colección de estas bibliotecas destilando entusiasmo por entender –casi que descifrar– estos materiales bibliográficos tan antiguos. Y no se olvida de poner en valor la figura de Claudio Sánchez Albornoz (1893-1984), quien fuera dueño de muchos de estos ejemplares. Experto en historia medieval de España, al estallar la guerra civil en ese país don Claudio se exilió en Argentina, siendo profesor de historia en las Universidades de Mendoza y Buenos Aires. “Para un investigador su biblioteca forma parte de su vida –explica Mercedes–. Cuando uno ve los libros de la biblioteca de un investigador se da cuenta de su trayectoria, de sus lecturas, de su recorrido. Antes de morir, don Claudio pidió que la parte de sus libros que hablaban sobre América fueran para España. Y los que hablaban sobre España quedaran en América. Así, los libros actuaban como heraldos de una hermandad entre los dos países”.

España, un enigma histórico (1957). Obra cumbre del historiador Claudio Sánchez Albornoz 

De a poco va mostrando a los ojos menos entrenados de esta comitiva pruebas de pluma, calderones, marginalia, manecillas, rúbricas, exlibris, huellas de cómo fueron producidos estos textos antiguos. Pero también de cómo fueron leídos: “Vamos viendo estas marcas y encontramos, por ejemplo, un dibujito de un oso en el margen (porque el texto hablaba de la fábula de un oso), o vemos que alguien señaló determinadas estrofas con una manito (manecillas es el término correcto). Esto nos muestra el uso de la imagen como recurso mnemotécnico en una sociedad donde la gente que sabía leer era una enorme minoría. Estas figuritas son también una forma de ir guiando la lectura”.  

Calderones en rojo y manecillas en el facsímil del códice de Salamanca de El libro del Buen Amor, 1330.

Versión facsimilar de impreso: Coplas de Mingo Revulgo, siglo XV.

De la mano de Mercedes, el tour viene con algunas definiciones del campo de la paleografía en versión ATP: “El facsímil es básicamente una reproducción fotográfica de un texto, ya sea manuscrito o impreso. Hay facsímiles en blanco y negro, en color. Pero hay algunas editoriales que buscan reproducir el objeto entero, desde la textura del papel original hasta el olor. Esas reproducciones llegan al paroxismo cuando reproducen las fallas del objeto, como las mordeduras de algún insecto sobre algunos folios. Ejemplares así están dirigidos a un nicho muy pero muy pequeño de coleccionistas y bibliófilos”.
Los facsímiles de esta biblioteca dejan entrever esa gama en la reproducción de originales. El que corresponde a El libro del Buen Amor tiene un papel que intenta imitar el original. Viene impreso con autenticación de la gerencia de la Universidad de Salamanca. El facsímil del Códice de Puñonrostro de El conde Lucanor es más bien una impresión fotográfica en un papel ilustración cheto, pero papel ilustración al fin.

Facsímil del códice de Salamanca de El libro del Buen Amor (1330), certificado por la gerencia de la Universidad de dicho lugar.

El aura entendida a la Walter Benjamin se la encuentra en la colección de libros antiguos. “En líneas generales, un libro antiguo es aquel que fue impreso antes del año 1800 por la imprenta manual de caracteres móviles. Hay países en donde llega hasta 1850. En algunos toca el 1900. Esto depende de la historia de los países y de cómo haya sido la evolución de la imprenta en ellos. Y dentro de lo que se considera libro antiguo está la categoría de incunable, es decir, todos aquellos libros publicados antes del 1 de enero de 1501. Se los llama así porque están en la “cuna” de la imprenta, son los primeros. Tienen características físicas que los asemejan unos a otros. No llevaban portada, por ejemplo”, dice Mercedes.
La biblioteca del SECRIT cuenta con un un original impreso del año 1576 de Las partidas de Alfonso el Sabio. Se trata de un cuerpo normativo redactado en la Corona de Castilla durante el reinado de Alfonso X (1252-1284). Lo que hoy llamaríamos retiración de tapa está compuesta por unos folios que no tienen nada que ver con la obra: “Pertenecen a otro texto más antiguo y funcionan como páginas de guarda. Sucedía muchas veces que, para encuadernar manuscritos o libros, ya en épocas de la imprenta se usaban folios de manuscritos viejos que estaban deteriorados o que ya no se entendían porque estaban en una letra muy antigua, como la visigótica. En muchos casos, son folios completos. En otros son tiras de pergamino que se usaban para reforzar la encuadernación. Hoy hay equipos de investigación de todo el mundo que están tratando rastrear en esos retazos textos que se sabe que existieron, que están citados en otros pero de los que no ha quedado ningún ejemplar en ninguna biblioteca del mundo. ¡Y lo van logrando!”.
En este ejemplar las letras capitulares se llaman iniciales historiadas, porque cuentan una historia. “A veces uno encuentra libros con diferentes estilos de letras capitulares porque la imprenta usaba lo que tenía. Cuando las imprentas eran muy buenas tenían material para todo. Cuando eran chicas compraban o alquilaban materiales a otras, mandaban a hacer, y el producto final era una especie de cambalache”.

Original impreso en 1576 de Las partidas de Alfonso el sabio. Fue donado a la biblioteca del SECRIT por la señora Berta Romero de Isla.

Copia del Corán sin fecha precisa en encuadernación de tipo morisca. 

Los impresos originales de esta biblioteca tienen ese no sé qué de las cosas añejas, excelsas y decadentes. Pero los facsímiles de la colección también brillan por la belleza y el valor cultural de los manuscritos que reproducen más modestamente. Con ellos, públicos más amplios pueden admirarlos o hacer ingeniería inversa, como Mercedes y el equipo del SECRIT y de CADEHISA.
En ese sentido, la versión facsimilar del Libro del conocimiento de todos los reinos et tierras et señoríos que son por el mundo et señales et armas que han acerca este manual geográfico y armorial anónimo castellano de finales del siglo XIV a los ojos sorprendidos de la delegación raptora. “Se lo ha tratado como libro de viajes porque en realidad hay un narrador en primera persona que sale de un lugar y describe, a medida que va pasando por lugares de su itinerario, las banderas y escudos que ve. Las “señales” son las banderas y las “armas” los escudos. Lo curioso es que una persona que hubiera querido hacer ese viaje hubiera tardado dos vidas”, explica Mercedes. Y agrega: “Hay marginalia en varios lugares con distintas letras. Quiere decir que ha pasado por distintas manos. Hay algunos dibujos que nos muestran que ha ido lugares muy lejanos, en las antípodas donde habitan los monstruos: cinocéfalos (hombres con cabeza de perro), un esquiápodo (otro espécimen de las razas monstruosas que tiene un solo pie y lo usa como sombrilla para cubrirse del sol y el calor de las antípodas), el arca de Noé”.

Banderas, escudos, pueblos monstruosos y razas plinianas. 

El arca del Noé.

Facsímil del "manuscrito" Z  del Libro del conosçimiento, 1385.

Unos días después del recorrido por este repositorio documental, el diálogo con Mercedes continúa de manera epistolar. En sus correos envía hermosas palabras de aliento y un archivo adjunto. Es un artículo académico que escribió sobre los objetos encontrados entre las páginas de los libros de la biblioteca de don Claudio. Allí Mercedes nombra una muestra bibliográfica que tuvo lugar en la Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense de Madrid en 2012. La muestra –cita Mercedes– postulaba lo siguiente: “Los libros, a modo de cápsulas del tiempo, actúan como recipientes que transmiten información de la vida del pasado a las generaciones futuras.” Funciona a modo de conclusión de la vivencia que Velociraptors intenta compartir en este artículo sin necesidad de glosa o comentario.

Don Claudio y Mercedes. 

Resta decir entonces que la biblioteca está abierta de lunes a viernes y –aunque es frecuentada casi exclusivamente por académicos– está abierta al público general. Mercedes recomienda llamar primero por teléfono para combinar horario de visita. Así, alguna de las doctorandas con tacita térmica de café o algún coniceteano que ande por ahí cortará un rato con su trabajo para hacer de Cicerón y pasear por estantes y volúmenes a los curiosos que se acerquen hasta allí.   

Fotos por Agustina Jaurena

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