Ciencia 10 Dic 2012
Nos destruirán a todos

Los Simpson lo predijeron, Velociraptors te lo explica. A continuación, cuatro razones por las cuales quien suscribe dormiría un poco más tranquilo (sólo un poco) si la Armada acordonara Mundo Marino.

I. Mente superior domina mente inferior

Si alguien me dijera que el cerebro de la derecha pertenece a una especie que acaba de llegar a la tierra, me compraría una Winchester para elefantes y convertiría mi heladera en refugio antibombas. Pero no, se trata del cerebro de un cachalote, y podría ser el de cualquier cetáceo. Ocurre que de los tres índices que normalmente se utilizan para catalogar la relación entre inteligencia y materia cerebral (tamaño absoluto, tamaño relativo y desarrollo de la corteza prefrontal), los delfines nos superan en dos y se cagan en el tercero. El cerebro cetáceo no sólo es más grande que el nuestro en términos absolutos (llega a pesar hasta 10 kg de astucia), sino también en términos relativos: aun tomando en cuenta el colosal tamaño de algunos de estos buenos muchachos, su cerebro y corteza siguen siendo proporcionalmente mayores a los nuestros. "¡Pero no tienen nuestra misma corteza prefrontal!", susurran en sus camas los científicos para dejar de llorar de terror y conciliar el sueño. Consuelo de tontos: la expansión de sus cortezas insular y cingulada son consistentes con el funcionamiento cognitivo de alto nivel que normalmente se atribuye a la corteza prefrontal en primates. Jaque mate, macacos.

II. Conciencia y empatía

Los perros no parecen estar al tanto de ser perros, y por eso le escapan a la angustia existencial. Uno de los índices de inteligencia favoritos de psicólogos y filósofos es la capacidad de albergar conciencia sobre los estados mentales, cualidad considerada virtualmente inexistente fuera del mundo primate... hasta ahora. Estudios llevados a cabo desde comienzos de 2001 probaron fehacientemente que los delfines tienen conciencia de sí, se reconocen a sí mismos frente al espejo y comprenden cabalmente conceptos como "estado de ánimo", se trate del propio o el ajeno. Tal vez esa combinación de personalidad definida y capacidad de reconocer su reflejo explique esa rara propensión a nadar hacia los bordes del tanque del acuario.

III. Unidos y organizados

Pero los delfines no limitan su inteligencia a la capacidad de entender el sufrimiento (y administrarlo sin misericordia). Las interacciones sociales cetáceas están entre las más complejas del planeta. Sus sociedades incluyen relaciones verticales, distribución arbitraria de tareas, pedagogía, tradiciones heredables, castas, alianzas, alianzas de alianzas, engaño, violencia fortuita y luchas políticas territoriales. Con lo cual, no sólo Game of Thrones no inventó nada, sino que modelo delfín escapa incluso a las capacidades de la mayoría de los primates. Es posible que sólo nosotros compartamos con ellos el primer puesto. Esto, claro, hasta que su codicia desborde los mares.

IV. ¿Interqué?

El repertorio vocal y gestual de los delfines es distinto del nuestro pero sumamente complejo. Algunos investigadores han llegado a hablar de idiomas diferentes entre castas, y delfines inferiores que aprenden el idioma de los superiores para comunicar mensajes serviles, como prevenir sobre la presencia de un predador. ¿Te sentís especial porque tuiteás boludeces y el mundo sabe qué pensás a cada instante? Los delfines cuello de botella usan sus inaudibles sonidos de alta frecuencia no sólo para navegar los mares como pequeños radares perfectos, sino para comunicarse a varios kilómetros de distancia con sus pares de manera masiva. Enormes grupos, conectados entre sí, en diálogo permanente, sin límite de caracteres y con un abono mensual de cero pesos al mes.

En definitiva, si la existencia de otra especie inteligente implica necesariamente un riesgo, entonces tendremos que incluir la Amenaza Delfín en la agenda de Defensa (si acaso alguna agencia secreta no lo ha hecho ya). Por fortuna, de momento los delfines no parecen demasiado interesados en humillarnos.

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