Ciencia 10 Jun 2013
Marte: la Odisea más allá del 2001

Entrevistas con Pablo De León y Miguel San Martín, argentinos trabajando en y para la NASA. Data sobre la exploración de Marte y los modelos de desarrollo científico que la llevan adelante.

Miguel San Martin y Clara Ruocco en el JPL en Pasadena, California.

PRÓLOGO

Esta es la cuarta versión que escribimos sobre un par de entrevistas que hicimos a Pablo De León y a Miguel San Martín, dos científicos compatriotas que trabajan para y en la NASA, en proyectos que tienen una referencia común: Marte.

¿Pero por qué hablar ahora del planeta rojo?

Después de la llegada del hombre a la Luna, momento cúlmine del estrellato científico contemporáneo que 600 millones de personas presenciaron por televisión, la exploración espacial entró en una meseta, enfrió su avance o bien pasó de moda. El año 69 marcó un hito en la evolución de la ciencia occidental y la especie. Llegamos a la Luna, la pisamos, le dimos un beso, vimos que era el baldío que parecía desde acá y nos volvimos a casa. ¿Y después?

Cinco años más tarde la NASA, que marcaba la vanguardia de la exploración espacial, contaba con la mitad del presupuesto. Luego del incidente del Apolo 13, y con la guerra de Vietman morfándose los recursos del bolsillo federal, el programa fue cancelado, dando paso a misiones más austeras, no-tripuladas.

Por esos mismos años la NASA se planteó ir a Marte y buscar rastros de vida orgánica, es decir, MARCIANOS, pues era EL candidato ideal por su cercanía con la Tierra y las similitudes que tiene con ella respecto de las condiciones para la vida. En ese marco se gestaron las misiones Viking y, para el año 77, Viking II estaba amartizando. Luego de un par de experimentos, decepcionó a todo el mundo al no poder rastrearse señales de vida orgánica, es decir MARC IANOS. Pechió, como se diría en la jerga futbolística.

A fin de cuentas, el sistema solar era más aburrido de lo que la humanidad esperaba y nosotros, los terrícolas, los únicos seres vivos del vecindario. Un garrón. El universo aparecía como enorme y, así y todo, seguíamos solos.

Endemientras, despuntaban los 80: la gente snifaba cocaína a lo pavo, Marty Mc Fly conquistaba el amor de varias generaciones y Magic Johnson se agarraba SIDA. A todo esto, la NASA ponía en marcha el programa del Transbordador Espacial, que duraría dos décadas.

Su principal diferencia con otras misiones fue que la nave era parcialmente reutilizable y jamás dejaría la órbita terrestre. Cumpliría misiones de abastecimiento y experimentación acotada. Una hermosa calesita sublunar de varios millones de dólares, adecuada al nuevo y austero presupuesto de la NASA. Pero la cuestión es que pasamos gran parte de estas dos décadas dedicándonos al onanismo espacial: nos mirábamos y nos tocábamos.

Con el final de la Guerra Fría, lo de "carrera" también perdió importancia. La falta de un objetivo ulterior (superar a los rusos) estancó definitivamente a la agencia espacial norteamericana, profundizando la tendencia de los 80. De hecho, fue durante los 90 que Rusia y Estados Unidos finalmente se volvieron socios en el negocio astronáutico, cooperación que devino en la instalación de la Estación Espacial Internacional.

Por otro lado, los accidentes del programa de transbordadores, el Challenger en 1986 y el Columbia en 2003, retrasaron los planes: aumentaron la burocracia en la toma de decisiones, restaron credibilidad y acotaron aún más el presupuesto de la NASA. La exploración espacial mermaba su influencia en la cultura popular, que quedaba en manos de otros fenómenos como Los Simpson y Michael Jordan. Su relevancia pareció diluirse en el mar de la posmodernidad.

Para el año 2000, a un año de la odisea espacial que auguraban Kubric y Arthur C. Clarke, el presupuesto de la NASA tocaba a duras penas el 0,75 por ciento de la recaudación federal y las misiones tripuladas más allá de la órbita terrestre parecían reminiscencias del pasado o profecías de la ciencia ficción.

Al poco tiempo, Seth Mc Farlane, creador de Family Guy y nuevo chico listo de la Fox (ahora devenido presentador de Hollywood) anunció sus intenciones de hacer una remake de Cosmos de Carl Sagan para 2014. Science is the new sexy.

¿Realmente se trata de un nuevo revival setentista? ¿Es humo del mejor? Tal vez Marte nuevamente despierte el interés por el espacio, teniendo en perspectiva la idea de que la humanidad anda necesitando un plan B por todos los asuntos climáticos que nos aquejan y auguran nuestra propia destrucción. Tal vez Greenpeace tenía razón y seremos destruidos por nuestra irresponsabilidad ambiental.

Tras el planteo del problema, y con una hipótesis de investigación absolutamente indefinida, nos lanzamos a la búsqueda de información de primera mano, para entender los renovados objetivos de la NASA en el espacio y su repercusión en la cultura de masas. Nada mejor que encontrar a dos compatriotas, argentos-behind-enemy-lines, para que nos canten "la fija" sobre el revival del interés científico más allá de la órbita terrestre -y sus motivaciones ocultas (?).

Miguel San Martín: la oportunidad de un espíritu curioso y andariego

Aquel a quien esperamos del otro lado de la computadora se ha convertido en una especie de estrella científica desde que, el 6 de agosto de 2012, el rover Curiosity amartizó sobre el planeta rojo. Después de ese momento, y sin haber visitado su tierra natal en un lustro, viajó al país cinco veces en cinco meses para asistir a unos cuantos programas de radio, dar conferencias en Tecnópolis, charlas en escuelas secundarias y en el Planetario, convertirse en ciudadano ilustre de Villa Regina, la ciudad patagónica donde pasaba los veranos, y salir en diarios y revistas de todo tipo.

Miguel San Martín ahora está nuevamente en Pasadena, California, EE.UU., donde se encuentra el Jet Propulsion Laboratory, su lugar de trabajo ligado al desarrollo de sistemas de exploración no-tripulados. Desde 1984 es ingeniero de este laboratorio que forma parte del conglomerado administrativo-investigativo de la NASA y que lidera los proyectos de sondeo del sistema solar por medios robóticos. Desde ese entonces, participó de la mayoría de los programas de exploración marciana. Su función durante la última y más jugada misión, Curiosity, fue la diseñar y supervisar el aterrizaje de la nave-robot del mismo nombre.

Egresado del mítico industrial Pío XI en 1978, emigró a los Estados Unidos con 18 años para comenzar sus estudios universitarios en ingeniería electrónica. Su primera parada fue la universidad de Cornell donde se quedó para estudiar inglés como lengua segunda y, de paso, colarse en las clases que dictaba Carl Sagan ahí mismo y a quién no dudó en preguntarle qué tenía que hacer para trabajar en la exploración espacial. La respuesta fue que estudiara física y matemática. Luego de obtener su título de grado en la universidad de Syracuse, se especializó en aeronáutica y astronáutica en el MIT.

Su mirada desde el ojo de la tormenta nos clarifica cómo hoy la NASA explora Marte, cuáles son los avances respecto de las décadas anteriores y cuál es la perspectiva a futuro, con el sueño permanente de los viajes tripulados aún intacto.

Velociraptors: ¿Cuál sería el salto diferencial del Curiosity sobre las misiones anteriores?

Miguel:Para explicarlo tengo que hacer un poco de historia. Las sondas Viking [1970-1979] fueron parte de un proyecto muy ambicioso relacionado con la búsqueda de orgánicos en la superficie. Pero estos no fueron encontrados y eso desembocó en la clausura del programa de Marte por 20 años. Hasta que los científicos se dieron cuenta de que la superficie del planeta no está protegida por una atmósfera y queda muy expuesta a la radiación del sol que puede desintegrar orgánicos y volverla muy estéril. Eso nos planteó el desafío de buscar estos compuestos en lugares más protegidos de la radiación solar, como por ejemplo dentro de una roca.

Pero cuando retomamos el programa en los 90, con la misión Pathfinder [1997], lo que priorizamos fueron aspectos más de ingeniería que científicos, porque había que desarrollar una forma de aterrizaje más barata, que conseguimos con el sistema de las bolsas de aire. Igualmente, estábamos en un momento en el que si aterrizabas en un lugar nuevo ya aprendías muchísimo. Así nos dimos cuenta del valor que tenía poder llevar instrumentos hacia zonas rocosas. Pero para lograr eso, teníamos que conseguir cierta movilidad, entonces lo de la nave estacionaria con un vehículo robótico como Pathfinder no nos servía.

Cuando unos años más tarde volvemos con los rovers de exploración Spirit y Opportunity [2004] tratamos de desarrollar vehículos robóticos más capaces que pudieran cargar todos los experimentos necesarios, que duraran al menos 3 meses en la superficie y que recorrieran un kilómetro. El Opportunity todavía está vivo, tiene 9 años y recorrió 13 kilómetros.

Por otro lado, el objetivo general de la misión de Marte es encontrar vida. Y si eso se puede comprobar, es más probable que haya vida en el resto del Universo. Hoy sólo sabemos de un sólo lugar con vida: estaría muy piola saber que hay por lo menos dos. Marcaría una gran diferencia. Pero en primer lugar hay que determinar si las condiciones para que surja la vida se dieron en Marte.

Y el agua es crítica para la existencia de vida como la conocemos nosotros. Desde la órbita veíamos indicios de canales que parecían ser de agua. Pero los científicos querían encontrar evidencias de la existencia estable de un lago o del lecho de un río, ya que el agua puede existir en episodios que duren pocos cientos de años y después desaparecer. Por ejemplo, un meteorito le pega, genera mucho calor, se derrite el agua, después se evapora y eso no sirve para la vida. Necesitábamos probar que hubo agua en forma estable por mucho tiempo. Y eso lo probamos con Spirit y Opportunity. Encontramos formaciones que son bien claras, unas arcillas que se llaman silicatos finos. Aparentemente son minerales que por lo general se forman en presencia de agua. Así que eso en sí mismo ya tiene un gran valor para los científicos. Y lo más importante es que son muy buenas para preservar compuestos orgánicos.

Entonces, ahora sí el próximo paso fue buscar orgánicos. Esa fue la misión del Curiosity [2012]. Sólo el instrumento que trata de detectar estos compuestos es el del tamaño del vehículo robótico anterior: es por eso que, contestando tu pregunta, el Curiosity fue un salto enorme. El otro robot pesaba 170 kg y éste 900 kg. También tuvimos que poner un taladro que pudiera perforar las rocas. Así que el Curiosity tiene un brazo enorme, lleno de instrumentos, que puede taladrar hasta 7 cm, tomar una muestra y procesarla. En cuanto al sistema de aterrizaje, también es nuevo. Lo de las bolsas de aire no funcionaba, así que inventamos el sistema con el cable.

También hubo todo un proceso de selección de dónde aterrizar dependiendo de dos requerimientos: tenía que ser un lugar bastante seguro para nosotros e interesante científicamente. Si aterrizábamos en un volcán que había erupcionado en algún momento, por ejemplo, toda la evidencia podía haber quedado sepultada y sonábamos, la misión se volvía un fiasco total. Y tiene que ser un lugar plano, con pocas rocas, de determinada altura y tamaño. Por ahí hay lugares re piolas pero no hay lugar para aterrizar. Así que elegir la locación es un proceso que dura muchos años en la vida de un proyecto y que depende de científicos de todo el mundo que se reúnen en Washington para elegirlo. Universidades de todo el mundo investigan y proponen lugares.

Justamente el cráter que eligieron con esas montañas en el medio tiene capas de arcilla, que es a donde el vehículo robótico eventualmente va a ir (se llama Monte Sharp) y de donde va a tomar muestras. Pero como era de esperar, después de las primeras fotos que tomó el bicho los científicos dijeron "¡Ah, pero mirá para allá! ¡Está bueno eso!". Y tuvimos que apuntar para el otro lado. Y bueno, hicimos andar el taladro hace un par de semanas, tomaron las muestras, las están analizando y tengo entendido que han dado cosas interesantes.

V: ¿Y cómo fue que la NASA decidió que la exploración de Marte quedara bajo la "órbita" del JPL? ¿Licita sus proyectos?

M:La NASA, que tiene sus headquarters en Washington, organiza cada tanto una reunión de científicos de todas las áreas (planetarios, geólogos, astrobiólogos, etc) y les presentan su plan científico para los próximos 10 años. Esto se conoce como el Decadal Survey, el sondeo, la encuesta de la década. Ahí evalúan dónde estamos en cada proyecto y cómo seguir en cada área: small bodies (cometas y asteroides), Marte, etc. La NASA toma todas esas recomendaciones, que aparecen plasmadas en sus diferentes programas.

A veces, para desarrollarlos hace competir a sus centros bajo ciertas reglas: "tal tipo de misiones van a ser por 600 millones de dólares, vamos a tomar este tipo de riesgo, este tipo de contrato, y queremos que se presente un centro de la NASA asociado a una universidad". Otras veces las adjudica directamente. El programa de Marte, por ejemplo, pasa por el JPL. Lo que no significa necesariamente que nosotros vamos a construir la nave espacial. Depende del caso. El Curiosity y los rovers de exploración los desarrollamos nosotros porque nos gusta el desafío y nos guardamos las más difíciles. Pero a veces subcontratamos a la industria privada, como es el caso del Mars Reconnaissance Orbiter, que es una nave que está en la órbita del planeta sacando fotos.

En fin, es una mezcla entre misiones dirigidas y misiones que se compiten, y todo esto coordinado por un plan científico con un horizonte de diez años, donde los científicos prestigiosos de EE.UU. se juntan durante mucho tiempo para evaluarlo.

V: ¿Hay alguna fecha tentativa que se maneje para mandar viajes tripulados a Marte, o tampoco será en esta década?

M:Hay gente que tira fechas. De vez en cuando escuchás a algún loco que dice que lo puede hacer por mucho menor costo que la NASA y que ya está todo resuelto. Pero nosotros no les creemos porque es mucho más difícil que ir a la Luna. No solamente el viaje, sino porque hablamos de velocidades mucho más altas. Es una cuestión de las leyes de la astrodinámica: llegás a grandes velocidades y cuando aterrizás estás viniendo a 30.000 km/h, y no tenés una atmósfera densa para que te ayude a frenar. Y cuando aterrizás, después tenés que luchar con la gravedad. La de la Luna es 1/6 de la de la Tierra, en Marte estamos en 1/3. Entonces no necesitás un cohete tan grande como para ir hasta allá, pero para volver necesitás uno bastante grande. Para trasladar 3 astronautas necesitás llevar como 30 toneladas de equipamiento. Lo que significa que tenés que salir de acá con 100 toneladas. Es decir, es difícil, costaría un dineral, y Estados Unidos no podría hacerlo solo hoy en día. Tendría que ser un proyecto de cooperación mundial.

Mientras tanto estamos desarrollando las tecnologías necesarias, porque hoy en día no sabemos cómo aterrizar ese tonelaje. Todo lo que desarrollamos ahora para aterrizar el Curiosity nos queda corto. No podemos usar un paracaídas mucho más grande que ese. Estamos probando unas cosas que se inflan. Cuanto más alto para inflarte, mejor, pero es difícil, tendríamos que hacer un paracaídas que tenga el tamaño de una cancha de fútbol, y la tela tiene que sobrevivir la temperatura del frenado.

También estamos desarrollando la tecnología para mantener a una persona viva durante todo ese viaje. En la Estación Espacial se están haciendo las investigaciones sobre cómo prolongar la exposición al ambiente espacial.

En fin, estamos desarrollando toda esa tecnología de a poquito. Algún día vamos a decir "tenemos todos los elementos, estamos listos para dar el gran paso"... Pero serían billones y billones de dólares, lo que va a requerir que el pueblo americano quiera gastar esa plata en este tipo de cosas.

V: ¿Qué es entonces lo próximo en lo que están trabajando?

M: En el último Decadal Survey pusieron muy alto ir a tomar una muestra de un cometa, y esa misión va a ser competida. El laboratorio me pidió que los ayude a ganar esa licitación, así que soy el Ingeniero en Jefe de este proyecto. La parte crítica es cómo aterrizás y cómo tomás la muestra. Prácticamente no hay gravedad en un cometa, entonces no te podés quedar plantado como en Marte. No podés taladrar porque el aparato se te va para arriba. Si tenés que aterrizar te tenés que anclar con una especie de arpón. Y hay una gran incertidumbre sobre el material del cometa. Nos decían que era como concreto, ahora nos dicen que no. ¿Cómo diseñás una misión así, cómo tomás una muestra? Después, están todos los riesgos de acercarte a la superficie. ¿Cómo navegás? Ese es mi trabajo hoy en día. NASA va a llamar a competir en 2016 y para entonces esperamos tener un buen plan desarrollado para ganar el proyecto.

Pablo de León: soberanía también es investigación científica y tecnológica

La noche del 20 de julio de 1969 Neil Armstrong pisaba la Luna y la familia De León, oriunda de Cañuelas, despertaba a su mozalbete de cinco años que solía correr patos y gallinas para que viera ese momento en la TV valvular blanco y negro, que todavía se conserva cual reliquia familiar. Su microcosmos personal se vio profundamente impactado por esta experiencia, que también marcó el universo de referencias culturales. Durante los 60 y 70 hasta el lagarto Juancho andaba en la onda de los viajes espaciales. Cuatro años después de haber visto esa transmisión en vivo, Pablo de León daba sus primeros pasos en cohetería experimental, afición que para cuando tuvo 20 años desembocó en la fundación, con su grupo de amigos, de la Asociación Argentina de Tecnología Espacial que buscaba promover esta actividad en el país.

Ahora este muchacho es un señor de casi 50, Director del Laboratorio de Trajes Espaciales de la Universidad de North Dakota en Estados Unidos. Con fondos que recibe de la NASA desarrolla trajes de superficie que servirán para vestir a los astronautas de potenciales misiones tripuladas en la Luna o en Marte. En 2008 publicó el primer tomo de la Historia de la actividad espacial en la Argentina, y en 2007 participó del lanzamiento en India del satélite educativo Pehuensat-1 desarrollado por la Universidad Nacional del Comahue.

Suena el Skype. Llamada entrante. La imagen se ajusta y delante de nosotros aparece el tercer piso del edificio de la universidad en la ciudad de Grand Forks. De León está al frente luciendo una de esas chombas piqué azul marino, uniforme de fajina de cualquier ingeniero en acción, con escudito de la NASA. Los trajes que construye penden de unas vigas más atrás formando una guardia pretoriana espacial que le cuida la espalda. Imponen respeto.

Charlar con De León nos va ayudar a mensurar el impacto y rentabilidad de la investigación espacial como actividad económica, y a comprender que aquellos países que no puedan jugar el juego del desarrollo científico y tecnológico estarán hipotencando su futuro en manos de sociedades tecnológicamente más avanzadas.

Velociraptors: Nos gustaría escuchar de primera mano lo que estás haciendo en North Dakota.

Pablo: Ahora estoy dirigiendo el Laboratorio de Trajes Espaciales de la universidad, que recibe fondos de la NASA para hacer investigación sobre trajes avanzados de superficie que, a diferencia de los trajes de gravedad cero, sirven para la Luna o Marte. Tienen características específicas para funcionar en estos planetas y son muy diferentes a los trajes que se vinieron usando hasta ahora, salvo por aquellos construidos durante el programa Apolo [1960-1975]. Porque, por ejemplo, en gravedad cero no te importa el peso pero en Marte es una variable a considerar, ya que tiene un tercio de la densidad de la Tierra. El NDX1 por ejemplo, es un prototipo para Marte.

Luego de crearlos, los probamos en distintos centros de la NASA, donde igualamos las condiciones de la atmósfera de Marte y los sometemos a diversas circunstancias, como una tormenta de polvo marciano en suspensión. Así podemos determinar cómo mantener el polvo afuera.

Por otro lado, acá en la universidad estamos construyendo también un hábitat inflable que nos va a permitir poder probar toda una infraestructura de minibase para la Luna o Marte.

V: Son una máquina de hacer...

M:[Risas] Nosotros trabajamos en lo que se dice misiones análogas, misiones de ficción que se hacen en distintas partes de la Tierra. De hecho, hemos estado en la base Marambio, ya que de alguna manera trato de mantener la conexión con la Argentina. Cuando estás en otro país nunca sos del todo parte del asunto, uno piensa diferente, hace las cosas diferentes. Pero estando acá es interesante ver lo que lográs cuando tenés los medios. El crecimiento de los proyectos que hacés es monstruoso. Saco fotos de las cosas, las veo 3 meses más tarde y no lo puedo creer.

Eso me lleva a pensar qué sería de Argentina si tuviéramos los medios para hacer las cosas que queremos hacer.

V: Es la pregunta que nos hacemos todos...

P:Igual creo que el país ha mejorado mucho. La ciencia argentina en ningún momento (quizás en los 50) ha estado tan bien como ahora en particular, el interés que se le da, el ministro Barañao que es un tipo que realmente empuja y tiene llegada al ejecutivo. Eso se nota. Los 90 fueron sin duda la peor etapa para hacer ciencia en la Argentina. Me acuerdo que hablar de cohetería, de astronáutica, era mala palabra. Te sacaban a patadas de los despachos oficiales.

V: ¿Pero por qué pareciera ser que para ir al espacio o a Marte, más específicamente, primero hay que ir a Estados Unidos?

P:P: Yo mismo nunca pensé que iba a estar laburando acá. La razón por la cual me metí en el tema espacial y me vine a estudiarlo fue porque todavía pensaba trabajar para el programa espacial argentino. ¡Cuando era chico realmente creía que para cuando fuera grande íbamos a estar tirando unos brutos cohetes con astronautas argentinos adentro! ¡No podía ser de otra manera! Tenías esa sensación de que ibas a poder llegar a hacer cualquier cosa, lo que te daba un poder para no pensar que la historia iba a ser diferente. Pero luego pasó lo del Cóndor , los 90, el garronazo en el que terminó el desarrollo científico en general, aeronáutico, lo que le llames. Fueron los años en que a uno no le quedaba otra que mandarse a mudar o dedicarse a otra cosa.

V: ¿Tendrá que ver con que si sos un país con una base industrial sólida el próximo paso es la exploración espacial? Precisamente, lo que terminó de desmantelarse durante los 90 fue esa Argentina industrializada...

P:Sin duda, porque cuando ya tenés los procesos industriales, eso te va impulsando de alguna forma. Tenés un know how que ayuda a la economía de tu país. Y además, desde el punto de vista tecnológico, te sirve para hacer estas cosas. Entonces no es que es una pérdida de tiempo o de guita cuando mandás un cohete a la Luna. Toda esa es gente que trabaja en el programa espacial recibe los sueldos acá en la Tierra. Las carretillas de guita no las mandás a la Luna. Y todos los procesos que se crean son cosas que quedan acá.

Por otro lado, cuando yo era chico, la parte de la técnica era muy importante. Mi viejo trabajaba en Mercedes Benz, por ejemplo. Fabricaban camiones, productos, cosas industriales. Todo se hacía en la Argentina. Capaz que los productos no eran de lo mejor, pero todo el mundo laburaba con cosas tangibles. El camino obligado entonces era seguir el industrial.

V: Además, la investigación que se da en el campo espacial después termina decantando al interior de la industria.

P:Sí, es que hay un montón de cosas que la gente no piensa. Cuando ponés el GPS en tu auto para llegar a Calamuchita, o en climatología, para predecir el tiempo, o en minería, estás utilizando la red de satélites que está ahí arriba. Y el problema es que si vos no desarrollás esa tecnología en tu país, alguien más va a desarrollarla por vos y después se la vas a tener que pagar. Conocen tu terreno mejor que vos y te lo compran por $5,50. Entonces soberanía también es investigación científica y tecnológica que te permita conocer los recursos que tenés.

V: A raíz de esto, nos preguntábamos por el mapa de la exploración. Por un lado están las agencias nacionales, por otro lado, los privados. ¿Qué intereses hay en juego en la exploración espacial?

P:Por un lado, el modelo del prestigio nacional todavía funciona. Cada vez hay más países que se están sumando a este club selecto de vuelos espaciales tripulados. Y eso evidentemente tiene que ver con el prestigio, porque vos terminás diciendo "ojo con China que está poniendo sus propios astronautas en el espacio". A fines del año pasado, puso su primera mujer astronauta en una pequeña estación espacial construida en su país. India está por convertirse en el cuarto estado en poner astronautas propios con sus propios medios.

Por otro lado, cuando se habla de exploración espacial comercial hay que tener en cuenta que las empresas de ese sector siguen teniendo un único cliente que son los gobiernos. ¿Space X, de dónde saca la plata? Los víveres se los da el gobierno para que le hagan de taxi a la estación espacial llevándole astronautas, experimentos y todo eso. Entonces, hablar de la comercialización del espacio todavía es prematuro porque en realidad siguen siendo los Estados los que pagan estas cosas. Pero sí es un paso auspicioso que empresas privadas puedan organizar este tipo de cuestiones en gran medida beneficiados por la tecnología ya desarrollada por la NASA.

Lo interesante es que la NASA dijo que no puede encargarse de la órbita terrestre cercana y a la vez de la exploración del sistema solar. Entonces decide dedicarse de la órbita terrestre baja en adelante (con medios robóticos y tripulados) y dejarle a las empresas privadas todo lo que es ir a la estación espacial, llevar la comida, los rollos de papel higiénico. De tal forma que las empresas se encargan ahora de la Low Earth Orbit. Entonces así también la NASA puede dejar de dar vueltas a la calesita de la Tierra: estuvimos dando vuelta a la órbita terrestre desde 1981 hasta el año pasado cuando en realidad nos podríamos haber estado concentrando en otros planetas. Así que me parece piola esta división de tareas.

V: ¿Marte se recupera en el horizonte?

P: Es que es un planeta interesante por una variedad de circunstancias, y una de ellas es porque la Tierra eventualmente podría llegar a ser como Marte es hoy. Sirve para saber si en algún momento hubo vida, aunque sea vida fósil. Así, automáticamente estás duplicando las posibilidades de vida en el universo. Y por otra parte, lo que yo siempre comento es que ya estamos preparados para dejar de ser una especie uniplanetaria: tenemos las herramientas para pasar a ser una especie multiplanetaria. Cuando ves el planeta Tierra desde afuera es una pelotita de arena flotando en la inmensidad del espacio. ¡Y ahí reside toda nuestra música, nuestro arte, nuestro pensamiento! Hay que encontrar métodos para poder desviar la trayectoria de asteroides, por ejemplo, lo que no es una cosa tan loca como suena. Tenemos que defender al planeta. Y defenderlo no sólo es usar desodorante que no dañe la capa de ozono.

EPÍLOGO

Dos meses después de esta serie de entrevistas Jonah, mi colaborador estrella, y yo, la editora de Velociraptors, nos encontramos en la costa oeste de los Estados Unidos a siete horas de distancia de Pasadena, el área aledaña a la enorme ciudad de Los Ángeles donde se encuentra el Jet Propulsion Lab.

Unas semanas atrás le había enviado un mail a San Martín diciéndole que para principios de mayo iba a "andar por la zona" y preguntándole si seguía pendiente su invitación a conocer in situ el JPL. Me contestó de toque reafirmando la invitación y enviándome un papeleo que debíamos completar para poder hacer efectiva nuestra entrada.

A esa altura ya saltaba de la emoción en la casa de la madre de mi colaborador en la otra costa yanki, sin ningún tipo de conciencia material de la distancia entre la ciudad a la que realmente íbamos, San Francisco (que yo consideraba la "zona del JPL"), y Pasadena, ni de cómo hacer efectiva nuestra llegada hasta ahí. Pero menos mal que está Jonah, mi brazo operativo en estas andanzas, el que sabe manejar, el que conoce a alguien que nos puede dar una cama gratis en casi cualquier punto de este vasto país, el regateador oficial y el anarquista expropiador de atlas ruteros de supermercados, con los cuales medir distancias y elegir caminos.

Luego de siete horas de viaje en un auto que conseguimos por 20 dólares el día, una noche en el colchón inflable en el departamento de la prima Laura y un almuerzo gratis que nos concedió Judy Garland (sic), llegamos a Pasadena para la visita guiada por el JPL que nos esperaba, casi de la mano de San Martín, y en exclusiva para nosotros, los delegados de la comisión Velociraptors.

La entrada al predio reza la siguiente consigna: "Jet Propulsion Laboratory, welcome to our universe". Los custodios son dos policías de la ciudad que visten sendos uniformes y parches de NASA y JPL. Confirman nuestro ingreso y una chica sorprendentemente caracúlica aguarda a nuestro anuncio en el vestíbulo del edificio central. Nos acredita. Nos dice que esperemos ahí hasta que se haga la hora convenida. Empiezo a transpirar y engrasar con mi sobaco las tapas de los ejemplares de la revi que trajimos para regalarle a San Martín. Me percato de que los Jorgito que queríamos adjuntar a las revis de regalo están bastante apelmazados. Mi investidura (si es que alguna vez la tuve) como editora responsable corre peligro.

Sin necesidad de que lo llamen para avisarle, a las 3 pm hora del Pacífico, aparece en escena San Martín: es muy muy alto. Cada empleado del Lab está en condiciones de darte una visita guiada. De hecho, nos cruzamos con un grupo de brownies, las girl scouts más jovencitas que están terminando su visita. San Martín saluda a su compañero que hace de guía diciendo entusiasmado "¡Ahí van las trabajadoras de lab del mañana!". California girls are blonde, but scientists.

Afuera hace 100 grados Farenheit y hay olor a humo. Si queremos ver la réplica del Curiosity tenemos que apurarnos: los montes que rodean al JPL se están incendiando por la calor largando un humo zarpado que puede dañar al bicho, así que tienen que guardarlo en el pequeño galpón dispuesto para él. Pero llegamos a verlo.

En un hábitat marciano reconstruido al descubierto, se yergue imponente este acorazado nerd de casi una tonelada con plaquetas, cables, brazos, lasers y zarpadas ruedas al estilo tractor que se llama Curiosity. Es lo mismo y lo otro de lo que está en Marte. Porque sobre esta réplica prueban los comandos que quieren darle al que está en suelo marciano, analizan las repercusiones de actualizaciones o mejoras en el software, etc. Dos chabones del estilo tiracables de la industria audiovisual (bermudas cargo / remeras de Pantera) están por guardar al bicho en el galponcito dispuesto para él. Lo están manejando con un Ipad.

El bicho es imponente en serio y por un instante me siento en la secuencia en la que Grant y Sattler tienen su encuentro cercano con la triceratops. Con la salvedad de que algo como eso mismo que estoy viendo yo está en este mismo momento buscando las mejores muestras que pueda obtener de suelo marciano. Lo toco. Me retan. Seguimos el recorrido.

Visitamos el Arroyo Seco donde comenzó toda la joda del JPL, seguiremos por la power pc con la que se maneja el Curiosity (racks y más racks con cables del grosor de una pierna desprolijamente dispuestos), los espacios al estilo gimnasio de escuela donde se probaron y ensamblaron partes de este y otros bichos. Daremos una vuelta por el área donde se coordinó y ejecutó el despegue y aterrizaje del Curiosity mientras los hombres del Congreso, Will I.A.M. (sí, el negro de los Black Eyed Peas) y el productor de The Big-Bang Theory, entre otros ciudadanos ilustres, miraban todo desde la salita tipo punto panorámico que hay más arriba. Terminaremos en el museo, donde nos esperan pacientes y sempiternos cada uno de los logros espaciales de este laboratorio: el primer satélite enviado cual respuesta al Sputnik, una réplica del Voyager con sendas copias del disco de oro Sounds of the Earth y las instrucciones para que cualquier marciano de buena voluntad pueda arribar a nuestra casa en el Universo.

Cuando le preguntamos a San Martín por qué la misión Curiosity pegó más en la sociedad que las anteriores, no sabe responder con certeza. Pero sin duda todos están disfrutando de este momento. Cuando le digo que me sorprende cómo el Lab se esmera por mostrarle a los ciudadanos de a pie aquello en lo que trabaja, me responde que es parte de su deber, que su trabajo es posible gracias a los impuestos de los ciudadanos y que entonces estos tienen el derecho de saber qué se hace con su dinero. Y si bien no es, específicamente, mi dinero, yo también quiero saber.

Se termina la visita a las cinco en punto y San Martín nos ofrece ir a tomar algo después de que salga del Lab. Ahora tiene por lo menos una hora más de charla vía Skype con el gobierno de Guatemala sobre la misión Curiosity. A nosotros se nos hace medio tarde porque tenemos que volver hacia San Francisco a devolver el auto cuanto antes. Entonces San Martín sale al paso con la gloriosa "lo dejamos para la próxima". ¿Cuándo, cómo, dónde será esa próxima? Le damos las revistas y los alfajores.

-¿Cómo anda la revista, che?

-Bien, bien, ahí anda.

No hay nada que me dé más vergüenza que mostrar nuestras tapas a un adulto responsable. Pero a San Martín no le hacen mella, las agradece, lo mismo que los alfajores. Nos despedimos, el policía del JPL nos desea un buen día. Nosotros le deseamos otro a él.

Me quedo pensando en algo que dijo mi hermano Juan: las hipótesis pueden refutarse o verificarse según el caso. La ciencia está lejos de ser lineal y ordenada. Es zigzagueante, con avances y retrocesos. Ensayo, prueba y error. El error es lo que la vuelve, si no perfecta, perfectible. Y esta característica la torna profundamente humana y humilde, porque lejos está del pensamiento dogmático que otorga verdades a priori. El Curiosity es un un paso decidido en ese zigzag de descubrimientos en Marte que espero pueda demostrar que no estamos solos en el universo.

Nos subimos al auto y registro la descarga masiva de endorfinas que me está atravesando en ese momento. Tal vez como si fuera una epifanía, se presenta delante de mis ojos un solo deseo. Y es que cuando sea grande quiero ser astronauta.

Notas relacionadas
Ciencia Los Guardianes Nucleares
por Juan y Clara Ruocco 26 Oct 2016

Durante los veinte años que la obra de Atucha II estuvo parada, un grupo de ingenieros cuidó a la perfección las 80.000 piezas que constituían el reactor. Sin un mango. Acá su testimonio.

Ciencia Centro Espacial de la Guayana Francesa
por Clara Ruocco 30 Sep 2015

Entre las 17.30 y las 19.30 horas de hoy, se abre una “ventana” horario-climático-técnica ideal en la Guayana francesa para lanzar -más acá del infinito- un pendorcho con dos cosos de envergadura: el satélite argentino ARSAT-2 y el australiano Sky Munster.  

 

Ciencia ¿Existe una brecha de género en la ciencia argentina?
por Clara Ruocco 14 Sep 2015

Según números elaborados por el UIS (Instituto para la estadística de la UNESCO, sólo el 30 por ciento de los investigadores científicos del mundo son mujeres. Pero una mirada más de cerca sobre la región de América Latina revela algunas excepciones sorprendentes.