Libros y revistas 10 Jun 2012
Lo mismo y lo otro: Dinosaurios en Dinosaurios!

"El Brachiosaurus tenía la longitud de un campo de tenis, la altura de un edificio de tres pisos y pesaba como diez elefantes".

Agrimensura de lo gigante

"El Brachiosaurus tenía la longitud de un campo de tenis, la altura de un edificio de tres pisos y pesaba como diez elefantes".

La categoría "dimensiones" se encuentra entre los datos clave que contempla la clasificación dinosauria. Al menos eso aprendimos con las fichitas tipo perfil de la revista Dinosaurios, descubre los gigantes del mundo prehistórico. Cada fascículo coleccionable dejaba entrever un criterio editorial totalizante, hiper didáctico: una ficha técnica por dinosaurio descubierto. "Nombre", "significado (del nombre)", "dimensiones", "alimentación" y "vivió". Esta última intentaba localizarlo en alguna masa continental actual que, casi siempre, era América del Norte. La agrimensura arrojaba datos sobresalientes con un resultado performativo (el estupor y la sorpresa) ya vaticinado por el subtítulo, directo y categórico, que avisaba que la cosa versaba sobre gigantes.

"El T. Rex medía más que cuatro coches puestos en fila, era más alto que una jirafa y pesaba casi lo mismo que un elefante africano" .

En Dinosaurios..., figuraciones hiperbólicas como estas construían superficies descomunales para nuestros amados bichos extintos que sí, obvio, eran enormes pero ¿acaso esa enormidad no fuera amplificada también por nuestra pequeña subjetividad que, mirando de abajo hacia arriba siempre, también se quedaba sin aire si corría de una punta a la otra del "descomunal" patio del colegio? Hablar a la niñez sobre gigantes suele ser un hitazo editorial, comercial y simbólico. Porque ¿qué es la magnitud desproporcionada en relación a uno sino la experiencia crítica, cotidiana y más temeraria de la infancia? Uno que tiene las paletas dentales "gigantes" en relación con el resto de la cara, uno que tiene que pararse en un banquito para llegar a la mesada o al mostrador del kiosco, cuando todavía los kioscos eran más parecidos a una ventana que a un anfiteatro a escala de golosinas.

"El Triceratops tenía cuernos. Era tan largo como dos coches y pesaba como cinco rinocerontes."

Como si Dinosaurios... supiera sobre nuestra experiencia infantil, nos ofrecía la vía de la ciencia para disertar sobre lo gigante, nos mostraba una forma de representarlo en una escritura pedagógica dirigida hacia nosotros, niños y niñas introduciéndonos en el fino arte de la taxonomía que, sin tener todavía una capacidad certera para decodificar el valor abstracto, convencional y arbitrario de lo que supone un metro (por ejemplo), convivía y luchaba con la enormidad para sobrevivir. No nos quedaba otra que abrazarnos para siempre a la dimensión gigantesca del Brachiosaurus al enterarnos que medía tanto como una cancha de tenis. Nos inmolamos ante la sorpresa de un Dicraeosaurus-Camión Mediano, de un Avaceratops-Tanqueta.

"De la altura de un autobús de dos pisos, el Iguanodon tenía fuertes patas traseras rematadas por tres dedos y uñas."

Pero estas mismas figuras de representación que codificaban el dato fáctico construido por la ciencia (del tipo "un deinonychus mide 2,5 metros de longitud y 1 metro de altura, aproximadamente") en el lenguaje a mano de nuestra niñez (como "auto", "elefante", "jirafa", "tenis"), también nos permitían racionalizar nuestra experiencia, estableciendo algún tipo de medida (y por ende, de finitud) a la experiencia continua de lo gigantesco del exterior. ¿Cómo reflexionar en la niñez sobre la cotidianidad de lo desmesurado con que lidiábamos? He ahí la nobilísima pedagogía de los dinosaurios como símbolo casi concreto y reificado de lo que alguna vez fue nuestra lucha.

"El Allosaurus tenía la altura de una jirafa, pero a diferencia de este pacífico hervíboro, era un verdugo implacable."

Y nos iniciamos también en el hermoso género de la divulgación científica, nos incorporamos al discurso y circuito de la ciencia que desde Dinosaurios... dejaba lugar para un segundo momento donde pudiera ser reajustado (corroborado o no) cuando nos volviésemos grandes y nos hiciéramos científicos o cientistas sociales que releyeran esos textos que marcaron nuestra niñez.

Dinosaurs!

La revista coleccionable fue editada en castellano por Planeta de Agostini (Barcelona) durante 1993 y 1995, cerrando con un total de 105 fascículos. Por lo que puede entenderse de los datos de publicación, mientras que Planeta se cargaba con los derechos intelectuales, tercerizaba su realización a la ahora inexistente Ediciones Este, que, a su vez, señala a un grupo de escritores españoles abocados a la divulgación científica para niños y el tomo 3 de la enciclopedia Codex. Pero nada que ver: hay una versión original, que es en inglés y proviene del Reino Unido. Dinosaurios es una traducción literal sin agregados de esta otra.

La edición sajona fue editada por Orbis play & learn y desarrollada por un grupo de paleontólogos, zoólogos y biólogos de la isla. Ya las contratapas con las "consultas directas" al Dr. Norman de la Universidad de Cambridge nos mostraban algo de las condiciones reales de publicación para nada ibéricas. Entre otras, se destacan las colaboraciones de Dougal Dixon (graduado en Geología con un masters degree en Ciencias de la Universidad de San Andrés, Escocia, que, interesándose especialmente en fósiles y evolución, desarrolló su tesis en el campo de la paleogeografía); Steve Parker (zoólogo miembro de la Sociedad zoológica de Londres, se especializa en la consultoría y edición de ilustraciones para libros infantiles sobre ciencias), el ya mencionado David Norman (an iguanodon fan, actualmente abocado a la investigación de diversos vertebrados del Mesozoico, integrando anatomía, fisiología, ecología y geología) y un par de mujeres dedicadas a la adaptación pedagógica de temas complejos para el mercado editorial infantil, Barbara Gilgallon y Sue Seddon.

La batería de nombres y antecedentes académicos deja entrever mucho más claramente un objetivo científico-didáctico que un sesgo oportunista frente al boom de los dinosaurios abierto por el best seller de Michael Chriton y exponenciado por su puesta en cine en 1993. La tribuna joven de la paleontología sajona actual incluso destaca lo novedosos que resultaban algunos perfiles de dinosaurios en la revista, ya que habían sido descubiertos muy cercanamente a sus fechas de edición. Dato loable para la Paleontología que realza la corta distancia entre los papers académicos y su didactización en pos de todos nosotros, los pibitos, los neófitos.

Si bien el desfasaje entre una edición y otra nos privó de un potencial vínculo epistolar con el Doctor Norman (la edición en castellano no contaba con una dirección de correos donde enviar nuestra pregunta sobre los dinosaurios para su sección Consulta Directa), el saldo negativo es más pronunciado en lo competente al título de la publicación que, en inglés, es Dinosaurs! Discover the giants of the prehistoric world. Hay un signo de admiración justo ahí que lo resemantiza todo: se sintetiza con el material publicado y nos ayuda a entender el porqué de la galería de imágenes 3-D a mitad de fascículo, de las estampas gore de dinosaurios en lucha descuartizándose y ofrecidas desde los rincones más raros del mundo de la ilustración. Ese signo exclama una mayúscula; dinosaurios a los gritos; casi como si los invocara.

Paleoarte

Clara dice: I spent the afternoon scaning some pics from Dinosaurs! There´s one with this creepy Iguanodon trying to kill another dinosaur with its claws (!)... Marc dice: I know the one you mean - the theropod it's stabbing in the neck is Baryonyx, right? (At least it wasn't Megalosaurus.) I don't know if you've seen that even older John Sibbick drawing depicting Iguanodon stabbing an allosaur in the neck in the same way...pretty creepy too (and a bit unlikely)...

Entre los restos fósiles y uno siempre hay una suerte de reconstrucción visual que les dan piel y color; les otorgan un gesto más o menos amigable; les sacan o les ponen plumas; ajustan la altura y un telón de fondo como entorno ecológico. Y en cada una de estas decisiones visuales, corren en simultáneo tanto un dato fáctico como un público que consume las revistas, películas y museos que piden esas representaciones. Ejemplo emblemático: más allá de la suma animatrónica de nuestros miedos ¿qué estuvimos viendo en las "velocirraptors" de JP? ¿Por qué escamas en vez de plumas?

Por ahí galopa el Paleoarte, término que refiere a las búsquedas estéticas de los ilustradores interesados por el mundo prehistórico y que recrea visualmente la vida del pasado. Mark Hallet, estrella desgreñada y panzona de esta rama, define su proyecto estético diciendo:

"mi mayor deseo es encender la imaginación y la admiración que todos tenemos respecto del mundo natural y de las criaturas y mundos fascinantes de ahora y del pasado. La magia de los seres vivientes de la tierra y del Universo espera ser descubierta por todos nosotros, ya seamos niños o adultos, y nunca se sabe cuando es que una imagen o frase dicha cambiarán para siempre nuestra manera de ver el mundo. Si, en este sentido, mi arte y escritura pueden contribuir con eso, me sentiré feliz y realizado".

Algo de todo esto se jugaba en las ilustraciones presentes en Dinosaurios... donde los rostros atroces y la carne trozada estaban a la orden del día, dejando también algo de espacio para algunos retratos de "pacíficos herbívoros". La ilustración tenía un rol central. Incluso más central que el dato científico que retoma y adapta. Y central porque que en el medio de cada fascículo va la estampa: un dibujo doble carilla como reformulación de ese, el lugar por antonomasia del inevitable poster de las revistas infantiles. Ahí veíamos al dinosaurio de tapa en plena actividad (léase: pastando, peleando, alimentando crías, escapando en estampida, atacando, defendiéndose) y con unos renglones explicativos que "reforzarían" el sentido de la imagen:

"La tranquilidad del paisaje del Jurásico se ve perturbada por una sangrienta batalla. Una manada de hambrientos Gasosaurus se ha lanzado sobre su presa antes de que el pesado herbívoro supiera quién lo atacaba. Mientras los Gasosaurus luchan con el gigantesco saurópodo al borde de un precipicio, el terreno cede bajo las patas del saurópodo. Si consigue afianzarse, se salvará de la caída, pero quedará a merced de los depredadores, cuyas lacerantes garras y mortíferos dientes se hunden cada vez más en su carne."

Siempre la lucha entre la vida y la muerte. Siempre el toque gore y explícito que, efectivamente, cambiaron desde temprano y para siempre nuestra manera de ver el mundo y la naturaleza. Porque todas esas mandíbulas exultantes de carne, todas esas laceraciones rojas sobre cueros moteados y escamosos, todos los coces y todas las placas óseas y todos los dientes y todas las garras apuñaladas no hicieron más que decirnos, en forma categórica pero honrada, que la supervivencia del más apto es un funcionamiento intrínseco de la naturaleza que se refleja, por ejemplo, en la asimetría constituyente de toda cadena trófica. Qué se come y quién come qué cosa, define nuestra posición en el mapa natural.

Chicos de tapa

La colección abre con el Tyrannosaurus Rex, la vedette indiscutida. Las tapas de los fascículos subsiguientes que componen el primer volumen (cuya completud tomará casi un año de nuestras vidas) será la pasarela de la línea tribunera inaugurada por el T-rex. Todos hits. A saber, fascículo dos: Triceratops. Fascículo tres: Stegosaurus. Fascículo cuatro: Brachiosaurus. Fascículo cinco: Protoceratops. Fascículo seis: Iguanodon. Fascículo siete: Allosaurus. Fascículo ocho: Deinonychus (nobleza obliga decir que nuestra idea de Velocirraptor responde, en realidad a este "verdugo implacable"). Fascículo nueve: Maiasaurus. Y fascículo diez: Stegoceras. Como cualquier otro chico de tapa, ahí están ellos, mostrando su mejor perfil o su mejor acción o su mejor gesto terrorífico.

Indudablemente, el primer volumen será el de los famosos que, como estrellas del cine, fueran todos descubiertos en América del Norte. O en su defecto, en Mongolia, tierra pegada a Norteamérica cuando todo era lo mismo. De a poco el elemento gore copará las tapas y ya no sabremos bien si se trata de animales o street fighters del Cenozoico. Seguirán siendo irresistibles. Y anhelaremos, hasta el fin de los días, no tener tarea para el lunes y completar la colección.

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