Cultura 26 Jun 2017
La vida real me importa un carajo

En 2015 entrevistamos a Angélica Gorodischer. Casi dos años después publicamos el texto de ese encuentro porque la vanguardia es así. Literatura, lectura, ciencia ficción, feminismo y la vida misma.

Para coleccionistas: Tapa de Minotauro de Opus dos (Buenos Aires,1967).

Angélica tiene 87 años* y más pila que todas nosotras juntas. Escribe columnas de opinión para diarios de tirada nacional, publica cuentos y novelas en una infinidad de sellos y colecciones editoriales. Se inventa una historia diferente todas las noches antes de irse a dormir. Lleva adelante un grupo de reflexión sobre la escritura con mujeres de Rosario. A fines de los 60, el mismísimo Paco Purrúa la publicó en su también mítico sello editorial: Minotauro. Su doppelgänger, Úrusla K. Le Guin la tradujo al inglés. Con ella mantiene una cordial relación epistolar. Recibe peregrinxs de todas partes del país que -como nosotras- la quieren conocer y charlar un rato sobre literatura, ciencia ficción, feminismo, la vida misma. Gorodischer es nuestra pitonisa.   

Nos armamos una misión especial y fuimos a visitarla a su casa en Rosario, con la excusa de entrevistarla para Velociraptors. Nos atiende una hora y media en el sillón de un living, donde una mesita ratona sostiene la surtida bibliografía que la entretiene por estos días. El Goro, su marido, lee el diario en una mesa para ocho comensales, más atrás. Mientras charlamos y nos cuenta cosas de su vida, nos acomoda las ideas. 

Angélica Gorodischer: Aldoux Huxley decía que alguien que quiere escribir tiene que leer de todo, no solamente literatura. Y yo leía todo lo que me caía en la mano. Pero bueno, un poco eso y un poco que leía mucha narrativa, muchas novelas y muchos policiales. Y yo quería escribir eso también. Entonces empecé con algunos cuentos, cosas cortitas. Hasta que descubrí la ciencia ficción que hacían los norteamericanos en ese momento, que era la culminación de la ciencia ficción. Y bueno, yo no iba a escribir hard science fiction -en un país donde te cortan el agua, la luz y no funciona nada, escribir eso era una absoluta locura-. Pero sí iba a escribir ciencia ficción. En Latinoamérica tampoco se escribía mucho de esto, así que lo que yo hacía era un poco raro: una mina, en un país que no funcionaba, escribiendo ciencia ficción… era un poco extraño. Y eso llamaba la atención.

Velociraptors: Y te publica Paco Purrúa.

AG: Claro. A Paco Porrúa yo no lo conocía. Pero una amiga mía sí y me dijo: “escribile”. Porque a mí me interesaba Minotauro, por supuesto. Pero también quería saber por qué siempre editaba puros norteamericanos. Entonces le escribí preguntándole eso. Me contestó muy bien, explicándome muy muy serio, profesional, que lo que él publicaba era la edición castellana de una revista que se publicaba en EEUU. Y de paso, me preguntaba: “¿Usted escribe?”... Y le mandé un cuento. Y a él le gustó. Y me volvió a escribir y me preguntó: “¿Ese cuento es parte de un libro?”. “¡Pero por supuesto!”, dije –aunque no era cierto- [risas]. Y ahí mismo me puse a escribir el libro que fue Opus dos. Y él me lo publicó. Fue maravillosa la coyuntura esa. Y de ahí en adelante ya me largué, ya empecé.  La cuestión es que se hizo todo rápidamente y muy naturalmente. Yo seguía escribiendo. Hasta que me publicaron el cuarto libro, Bajo las jubeas en flor. Ahí yo ya podía manejar el lenguaje. En ese momento dije: “He hecho conmigo lo que quería. Acá mando yo”. Y ese libro lo manejé yo, realmente. Y ya de ahí en adelante, todo fue más fácil. 

V: En tus trabajos, lo que tiene que ver con literatura fantástica o con ciencia ficción implica una construcción de mundo muy importante. Está bien armado, cierra. Como experiencia de lectura, una se mete al principio y el mundo está tan armado que una no sabe bien dónde cayó hasta que mira para un lado, para el otro, 360°, se ubica… pasa un poco eso ¿Esos mundos dialogan con tu mundo cotidiano, el mundo del que participas?

AG: ¿La vida real dicen? A mí la vida real me importa un carajo (risas). Dicho de otra manera, la vida real no me interesa. Lo que me interesa es lo que hay detrás de la vida real. Yo no sé cómo es la realidad ¿El ómnibus? ¿la ventana? ¿Estás segura vos? ¿Vos tuviste alguna vez un gato? Los gatos ven otra cosa. Yo quiero saber qué es lo que pasa con la gente que ve otra cosa o que siente otra cosa o que puede expresar otra cosa además de la ventana y el ómnibus que mira por la calle. Hay otra cosa, hay algo que está detrás.

Es como cuando me preguntan: “¿Y a usted qué le interesa?”. A mí me interesa lo inexplicable. Eso es lo que quiero. Que sea religioso, ateo, político, social o lo que sea no me importa. Pero qué hay detrás de ese texto que yo estoy leyendo y que, por lo tanto, me hace algo a mí. Porque, acá hay otra: Marcela Serrano, por ejemplo, no hay nada detrás. Incluso si estás, no sé, convaleciente de una gripe, no tenés ganas de leer a Heidegger. Bueno, vas y la lees a esta señora, una novela de amor… pero yo quiero algo que pueda leer -con gripe o sin gripe- pero que a mí me haga algo. Me haga sentir algo incluso por el rechazo, por el horror. Algo me tiene que hacer. Y ese algo tiene que ser algo que conecta conmigo pero no conecta con el suceso de todos los días. El suceso de todos los días es muy fácil de pasar al papel. Lo que a mí me interesa es lo otro, qué pasa antes, qué pasa después, qué pasa en otro lado. Qué siente cuando escribe sobre esto. En otras palabras, una no se convierte en cucaracha, pero qué sentía Kafka cuando escribió La metamorfosis, qué hay atrás del bicho.

V: Ahora, hay una cierta acusación a la ciencia ficción o al fantástico como géneros escapistas, menores,  precisamente por no querer quedarse en ese realismo del ómnibus y la ventana.

AG: De ninguna manera. Sí hay cosas que son extraordinarias. Pero pensá que algo extraordinario es El Quijote. Y ahí tenés, es otro mundo. No solamente porque no pertenezca a nuestro momento histórico, sino porque detrás de eso, detrás de la locura, hay algo muy interesante, que te mueve. Como aquel soneto creo que de Sor Juana Inés: “No me mueve mi dios para quererte”. No me mueven esas cosas de todos los días, a mí me mueve lo que hay detrás. Eso es lo que quiero decir, para eso escribo. A veces alguien te dice: “tengo una idea para un cuento”. “Tirala a la basura”, le digo yo (risas). Rápido. Las ideas no sirven para cuentos ni para poemas, vos tiralo. Para el cuento te sirve la peripecia. Vos contá lo que le pasó a alguien cuando salió a la calle y se encontró con alguien que conocía y después llegó a la esquina y pasó algo. Ahí va a salir qué es, cómo estás parada vos social y políticamente en el mundo. ¿Pero estás contando algo? Porque la gente quiere que le cuenten cosas, que le cuenten cuentos. Y todo es un gran cuento como decía el gran maestro Borges.

V: Hablando de cómo está la gente parada social y políticamente, en todas estas biografías y en los libros de texto donde se te menciona, a pesar de que no estén tus libros en las librerías -lo que es casi como un movimiento fantástico- (risas)

 AG: Mirá vos. ¿Y si yo no existiera?

V: Bueno, en todos esos textos -y no creo que sea casual justo en este momento- se menciona que vos te definís como feminista ¿Qué implica esa definición en términos generales en tu vida? ¿Qué implicó para tu escritura? ¿Qué implica hoy?

 AG: A mí me interesó mucho siempre qué es lo que les pasa a las mujeres. Porque a las mujeres nos pasan cosas muy distintas que a los varones. No solamente porque nosotras tenemos ovarios y ellos tienen pelotas, sino porque nuestra posición en la sociedad es muy distinta a la posición de los varones. Hay varones maravillosos, por ejemplo el mío (risas). Pero la posición sigue siendo muy distinta. Yo no sé hasta qué punto no va a seguir siendo distinta durante toda la historia de la humanidad. Pero yo no quiero los más y los menos, yo lo que quiero es todos iguales aunque distintos, que es lo que quiere el feminismo. Porque claro, cuando una dice: “Yo soy feminista”, te encontrás con los pelotudos que te dicen: “Ah, entonces vos odiás a los hombres”. ¿Tas loco vos? A mí los hombres me encantan -que no se entere Goro, pero me encantan-. Pero yo quiero un mundo de varones y mujeres, un mundo justo. No solamente de dos facciones donde una es más favorecida que la otra, que una manda y la otra obedece. Y nuestra sociedad sigue siendo machista. Supongo que habrá sociedades que son más justas. 

V: ¿Y en algún momento quisiste escribir desde la literatura sobre esto?

 AG: En general yo escribo narrativa y las protagonistas son mujeres. Me sale solo, ¿eh? Como cuando me hablan del humor, lo lamento, me sale solo, no es que me ponga: “Voy a escribir con sentido del humor, voy a escribir sobre mujeres”. No. Sale solo lo del asunto de las mujeres, con mujeres distintas. pero si yo escribo un cuento seguro la protagonista es una o dos o tres mujeres o, incluso, nenas.

 V: Sí, leímos hace poco uno que también salió en una antología reciente, donde la protagonista es una nena que deja entrar a un extraño.

 AG: En el jardín, sí (risas).

 V: No vamos a contar el final, pero es perturbador. Tu prosa es muy perturbadora, llega a la gente. El extraño tenía intenciones con la nena…

 AG: ¡Pero seguro! ¿Sabés lo que pasa? estoy un poco cansada de las mujeres vencidas. A esta nena no la vencieron. Entonces, de vez en cuando me mando así un cuentito donde la mina termina hecha una regia.

V: Teníamos una pregunta respecto de tu vínculo con otras escritoras, ¿cómo fue el trabajo con la traducción que hizo Ursula K. Le Guin?

 AG: Estupenda.

 V: ¿Podemos decir que hablan, se mandan mails… son amigas (risas)?

AG: Sí, yo no te puedo decir que somos íntimas amigas. Ella no está bien de salud, yo tampoco y ella está lejos… Tenemos la misma edad, nacimos el mismo año. Ella había traducido un cuento mío para una antología de manera magnífica. Y lo estaba traduciendo a Borges -nada menos- y lo traducía muy bien. Así que cuando me propuso traducir Kalpa  dije que sí. Hizo un trabajo estupendo. Después le escribí y le dije, “Mirá, tu traducción es mejor que mi libro” (risas). 

V: ¿Y de lo que escribió Le Guin, qué te gusta?

AG: No me acuerdo qué fue lo primero que leí, pero me desmayé de placer porque era tan excelente todo lo que leí que... ah, sí! La mano izquierda de la oscuridad. Me pareció deslumbrante y ahí agarré todo lo de ella. La leí en castellano, en inglés. Nos pusimos en contacto por ese asunto de la antología y ahí siguió la cosa. Después, el año pasado [2013] me hablaron unas chicas de acá, que la querían invitar para un congreso. Dijo que no, lamentablemente, por razones de salud. Y yo la comprendí, porque tenemos 87 años ya. Y es duro viajar.

V: Nos quedamos pensando en tu literatura -que no es nada programática- y cómo se fue dando tu vínculo con Paco, con Le Guin. Y cómo de alguna manera lo que sabías era que querías ir más allá.

 AG: Si, pasa eso. En el camino te vas encontrando con cosas, o con gente muy interesante que te influye o no influye, las vas dejando pasar o no. Yo supongo que habrá habido oportunidades que dejé pasar y no me di cuenta, claro. Por ejemplo mi interés por la ciencia. Yo no puedo leer ciencia. Pero puedo leer a tipos que han escrito ciencia para iluminar a gente como una que no entiende un corno de la ciencia pero está bien. Y eso es una de las cosas que me interesan mucho de la ciencia porque, ¿qué es la lectura? La lectura te ayuda a conformar los cimientos de tu estar en el mundo. Si no, no podés conformarlos, sos una cosa que está por ahí. Pero la lectura -del tipo que sea- te ayuda a hacerte algo concreto de tu presencia en este mundo. La persona que lee mucho termina sabiendo qué pasa con él o ella en este mundo. Está bien. Ahora, si vos empezás a leer otras cosas, como decía Aldous Huxley, lo que hacés es empujar el horizonte. ¿Vos leés nada más que novelitas de amor? Cagamos, querida [risas]. Cuanto más empujes el horizonte, mejor, más sólida vas a ser. Te pueden pasar las cosas que le pasan a todo el mundo, pero vas a tener otro tipo de defensa. Porque ya vas a saber cómo sos, quién sos y por qué estás acá. Entonces, si sos escritora, se te van a ocurrir cosas, muchas más cosas, cuanto más leas. No porque yo vaya a escribir sobre la teoría de las cuerdas –que no puedo porque estoy para escribir otra cosa, la peripecia-. Pero a una se le ocurren muchas más cosas, porque parece que todo fuera más extenso. Las ideas te fluyen con mucha más facilidad si has leído cosas que no tienen nada que ver con tu hacer, con tu existir, con tu tarea. Cuanto más lejos estás, más cosas se te ocurren para lo que es tuyo.


*Angélica Gorodischer nació en 1928. Tiene 89 años al momento de publicar esta entrevista, pero 87 al momento de escribirla. 

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