La pieza diferente treinta y cuatro

Disfrutá de un nuevo capítulo de esta historia de fantasía épica. Y si te perdés entre los nombres de lugares, personajes y deidades recuperá la orientación consultando el link al final del texto.

Del otro lado del umbral del sueño, entre las columnas azules de la Torre de las Iniciadas, a Kortuka la esperaba la Reina Segan, su Guía Ancestral. Lucía joven esa noche, y traía el cabello de fuego inusualmente atado en un rodete, que le dejaba todo el rostro al descubierto, enmarcado apenas por las hebras luminosas que escapaban del peinado. Kortuka la saludó con una inclinación de cabeza y una sonrisa, como quien la había visto muchas veces y había aprendido a apreciarla. Segan devolvió la inclinación, pero no la sonrisa, y le indicó que la siguiera por el largo pasillo de los Inwam, hasta la puerta de madera clara que lleva a los sueños que Delero envía a sus protegidas.

Atravesó el umbral, y se encontró en un jardín amplio, desconocido, con una gran fuente en el centro y muchos senderos rodeados de árboles frutales y de aromáticas y vistosas flores, protegido por una muralla de piedra rojiza. Se dio vuelta. La puerta de madera clara y la Torre de las Iniciadas habían desaparecido, y en lugar de ellas había una construcción imponente, supuso que una casa, con paredes de la misma piedra que el muro que rodeaba el jardín. Por una ancha escalera que bajaba al vergel, vio venir a una mujer joven, desconocida. Tenía el cabello negro atado, que dejaba apenas un penacho corto detrás de su cabeza, de aspecto marcial. Era alta, y pese a que venía vestida con sencillez, con una briada de un azul pálido, probablemente muy lavado, y una capa de lana gris más funcional que lujosa, Kortuka reconoció que el medallón que colgaba de su cuello no podía sino ser una insignia que indicara algún rango alto en una familia noble.

—Kortuka, ya hace bastante que te pidieron esa rifgeara ¿no? Podrías ir a la cocina a buscar lo que te pidieron en vez de quedarte tomando la fresca en el jardín —la amonestó la desconocida.

Kortuka pudo reconocer en las palabras la lengua de las hijas de Virna, pero en sueños el idioma desconocido se le hizo perfectamente comprensible. Como Agarien, y como Iniciada, no estaba en absoluto habituada a ese tipo de trato, y sintió el impulso de responder con palabras cargadas de ira, que le recordaran a la joven que no estaba hablando con una criada. Pero en lugar de eso, se sorprendió respondiendo con una breve disculpa y una inclinación de cabeza.

Como si supiera lo que hacía, entró por una puerta sin adornos que daba al jardín, tomó un pasillo a la derecha y otro a la izquierda, pasó por lo que claramente eran las cocinas cargadas de actividad de una gran casa nobiliaria, y abrió una puerta en el piso que llevaba a una oscura bodega.

Con la poca luz del día que entraba por la abertura, buscó en el fondo, dentro de un barril con agua fresca, unas botellas de color acaramelado, muy adornadas. Las sacó, y desanduvo camino hasta volver al jardín. Desde allí subió por la escalera, y se detuvo en una bifurcación de un pasillo.

Desde una puerta más alta que las otras, entornada, se escuchaban voces.

—Las Ihalim no tenemos la candidez de la reina Keala y su Consejera. Aquí todas entendemos muy bien que tu protegida no tiene el cabello de las Mnatesogran por la sangre maldita de Búcor y de Ílsitar.

—No sé qué es lo que está tratando de sugerir, Zuria, pero yo que usted cuidaría más el tipo de ideas inspiradas por Sílik que su lengua parece tener ganas de insinuar hoy.

—¿O qué? Vamos, Meba, y podés relajar el tratamiento. Estamos entre hermanas.

—El día que las Qualim y las Ihalim sean hermanas todavía no ha llegado. Nuevamente, sugiero que…

—Meba, que todas sabemos demasiado bien que Ilsia Jolim es tan Jolim e hija de tu éicadim como yo.

—Yo que vos tendría más cuidado con el tipo de acusaciones, amenazas e injurias que hacés a una de las Cuatro Familias en mi persona.

—Bien, bajamos del tratamiento formal, así me gusta. Me parece escuchar que llega nuestra rifgeara. Relajate, Meba, nadie te está acusando de nada.

Kortuka entró, miró a las dos mujeres a las que había escuchado discutir, y dejó las dos botellitas sobre la mesa, sin decir palabra.

—¿Cómo está Nuralia? —cambió de tema Meba, mientras agradecía la bebida con una sonrisa amable y una inclinación de cabeza.

—No creo que sobreviva a este año, la verdad —respondió Zuria, sin agradecer el servicio y sin siquiera mirarla una vez.

Kortuka se apresuró a salir. Cuando cruzó la puerta, estaba de vuelta en el largo corredor de los Inwam, en la Torre de las iniciadas.

—¿Comprendés? —le preguntó la Reina Segan, su Guía Ancestral, del otro lado.

—La verdad que no —admitió Kortuka.

La Reina Segan le dio la espalda, y se encaminó hacia el salón de las columnas azules, con paso lento. Suspiró.

—Mejor así, supongo.

Y Kortuka despertó, y era una mañana clara de Baricai, de las que anuncian un largo día de calor.

*

¿Te perdiste entre los nombres de personajes, lugares y deidades? Consultá este índice onomástico.

Gusteá la fanpage!

Ilustración por Dolores Alcatena.

Notas relacionadas
Libros y revistas / La pieza diferente La pieza diferente: cuarenta y cuatro
por Guadalupe Campos 15 Dic 2017

Disfrutá de un nuevo capítulo de esta historia de fantasía épica. Y si te perdés entre los nombres de lugares, personajes y deidades recuperá la orientación consultando el link al final del texto.

Libros y revistas / La pieza diferente La pieza diferente: cuarenta y cinco
por Guadalupe Campos 15 Dic 2017

Disfrutá de un nuevo capítulo de esta historia de fantasía épica. Y si te perdés entre los nombres de lugares, personajes y deidades recuperá la orientación consultando el link al final del texto.

Libros y revistas / La pieza diferente La pieza diferente: cuarenta y dos
por Guadalupe Campos 08 Dic 2017

Disfrutá de un nuevo capítulo de esta historia de fantasía épica. Y si te perdés entre los nombres de lugares, personajes y deidades recuperá la orientación consultando el link al final del texto.