La pieza diferente: cincuenta y tres

Disfrutá de un nuevo capítulo de esta historia de fantasía épica. Y si te perdés entre los nombres de lugares, personajes y deidades recuperá la orientación consultando el link al final del texto.

Los pocos guerreros de Lubacay que quedaban vivos en el poblado ya habían sido hechos prisioneros, o estaban demasiado heridos para justificar las artes de una médica. Ílsitar desmontó, mientras un grupo pequeño de sus hombres perseguía a aquellos que habían coseguido huir. Había visto dos escudos esmaltados con las olas de Delero, la insignia reservada a las Mnatesogran y a sus hijos. Había desenfundado su espada contra uno de ellos, quien a todas luces comandaba la pequeña tropa estacionada en Bansena, que manejaba con destreza la espada y había conseguido dejarlo a pie. Suponía que bien podía haber sido una mujer. Pero cuando una docena más de los de Bjurikti había apurado el paso para asistirlo, y ella se había visto prácticamente sola, había gritado la orden de retirada para los pocos que resistían aún, había picado espuelas y se alejaba ahora al galope hacia Baricai.

El otro escudo yacía quebrado en el suelo. Su dueño, gravemente herido, agonizaba al lado de un montículo de paja seca. Se había sacado el casco, e Ílsitar descubrió en él su mismo cabello, y muchos de sus mismos rasgos. Era, sin dudas, como él, uno de la estirpe de las Iniciadas.

Se acercó, pero pronto notó que no había mucho que pudiera hacer por él. Lo vio retorcerse en espasmos, una mano sosteniéndose el vientre herido y la otra en un bolsillo de la briada. Cerraba los ojos de dolor al moverse. Ílsitar, como hijo de Búcor Mnatesok, sabía bien, desde el comienzo, que cabalgar a Lubacay implicaba para él verse en situación de derramar su propia sangre. Pero había procurado pensar lo menos posible en ello. Ahora, frente a este guerrero, de su edad o tal vez incluso unas primaveras más joven que él, que se había cubierto con un trapo empapado y luchaba con dolor por sacar algo de su briada ensangrentada como si le fuera la vida en ello (que, de hecho, se le estaba yendo), el peso de la guerra le cayó entero sobre los hombros. Por una vez, Ílsitar Sulim pensó que hubiera preferido heredar la maldición de Sílik que cubría los ojos de su hermana Gava.

Se sacó el casco. Al menos, que entre lo último que vieran sus ojos hubiera rasgos familiares. Y que pudiera ver su sincera tristeza. Pidió a uno de los suyos que buscara un poco de gradeara sin aguar, para darle algo fuerte de beber y aligerarle el paso al otro lado.

Echado al lado del montículo de paja, sin poder mover ya las piernas, el joven guerrero sacó un artefacto pequeño, y luchó un poco con sus manos temblorosas. Ílsitar entendió que ya era tarde hasta para ayudarlo a morir, se dio media vuelta y se fue, para no tener que ver el final de su agonía.

No llegó a darse cuenta de que lo que su enemigo moribundo tenía en las manos era un chispero, de que parte de sus movimientos convulsos eran sus intentos por accionarlo, y de que el líquido que se mezclaba con la sangre en el trapo que lo cubría y en la paja del suelo por el que caminaba no era agua.



Amberó ya empezaba a ocultar su rostro, y  Meba Qualim ya mojaba sus pies, descalzos e hinchados, en agua tibia con sal. Buena parte de las tropas de Mabalaya se había estacionado dentro de la ciudad de Isidena, pero Meba había preferido su tienda, en la neutralidad del campo. No le gustaba la idea de hacer uso de comodidades robadas a otra vida, a la paz que otras habían construido para sí.

—¿Puedo entrar? —preguntó, afuera, la voz familiar de Dedemie Ihalim.

—Adelante —respondió Meba, mientras sacaba sus pies del agua y los escurría con un paño—. ¿Qué se te ofrece?

Dedemie entró, y se sentó en el suelo, cerca de ella, cruzada de piernas.

—Es por la expedición de Ílsitar Sulim. Algo salió horriblemente mal, según los reportes.

Meba, sentada en su silla de campaña, se acodó sobre sus rodillas, preocupada, y le indicó que siguiera.

—Había una pequeña tropa de las Mnatesogran apostada en Bansena. Al parecer, Ílsitar ganó el poblado, pero los lubacayos lo incendiaron durante la retirada. No consiguió salir con vida.

—Eso es muy extraño, Dedemie. Un pueblo no se quema tan rápido.

—Cuando está cargado de paja seca y rociado adrede de materiales combustibles sí.

—Entiendo. ¿La reina ya lo sabe?

Dedemie negó.

—Conminé a Libítare a que dejara esto entre quienes representamos a las Familias. Preferiría que me acompañes a decírselo. Es su hermano, después de todo.

Meba se mordió el labio superior y se pasó una mano nerviosa por el escote de la briada. Buscó su calzado, y se lo puso, con un gesto de dolor.

—Tendré que informárselo a mi éicadim también. Envié a Ágrate a Gadel porque espera un hijo suyo. Pensaban usar eso, su condición de heredera de las Jolim, que pese a ser una casa menor es una de las Veintiuna, y el hecho de que Ílsitar tenía demasiadas primaveras para permanecer solo en el Bjuriktalie, para pedirle a la reina licencia para unirse ante las Siete al final de la guerra. No será nada agradable tener que escribirle esto.

Dedemie no supo qué responder. Las dos hicieron un largo silencio. Finalmente juntaron ánimos, se pusieron de pie, y salieron hacia la tienda en la que descansaba la reina.



Esa noche, en el Bjuriktalie, Gava de las Sulim se despertó gritando el nombre de su hermano muerto. Su nodriza Figa tuvo problemas para convencerla de que las pesadillas se quedan del otro lado del sueño. Y para conseguir que se tomara las tres cucharadas de esencia amarga de terega que habrían de permitirle dormir las horas que quedaban de oscuridad.

*

¿Te perdiste entre los nombres de personajes, lugares y deidades? Consultá este índice onomástico.

Gusteá la fanpage!

Ilustración por Dolores Alcatena.

Notas relacionadas
Libros y revistas / La pieza diferente La pieza diferente: sesenta y siete
por Guadalupe Campos 08 Mar 2018

Disfrutá de un nuevo capítulo de esta historia de fantasía épica. Y si te perdés entre los nombres de lugares, personajes y deidades recuperá la orientación consultando el link al final del texto.

Libros y revistas / La pieza diferente La pieza diferente: sesenta y cuatro
por Guadalupe Campos 02 Mar 2018

Disfrutá de un nuevo capítulo de esta historia de fantasía épica. Y si te perdés entre los nombres de lugares, personajes y deidades recuperá la orientación consultando el link al final del texto.

Libros y revistas / La pieza diferente La pieza diferente: sesenta y cinco
por Guadalupe Campos 02 Mar 2018

Disfrutá de un nuevo capítulo de esta historia de fantasía épica. Y si te perdés entre los nombres de lugares, personajes y deidades recuperá la orientación consultando el link al final del texto.