Cultura 10 Jun 2012
La Mímesis Imposible

Todo empieza porque el objeto dinosaurio falta. No existen más y la magia está en esa ausencia.

La mímesis imposible

Todo empieza porque el objeto dinosaurio falta. No existen más y la magia está en esa ausencia, en el vacío que se llena con un sinnúmero de representaciones, en diferentes registros. Amo y señor de todas ellas se alza el relato paleontológico: un discurso científico, prestigioso, que genera narraciones acerca de los dinosaurios a partir de indicios fósiles. Al principio de Jurassic Park vemos como Grant crea, con ayuda de los huesos, una escena para el chico: actualiza al velociraptor, lo hace presente, y logra producir terror, asombro, fascinación.

He aquí que ante esa proliferación de imágenes, que él considera insuficientes, el viejo Hammond decide intentar otro tipo de recreación, el clon. Sus dinosaurios son imitaciones biológicas de los dinosaurios reales. Muy parecidos, pero no exactamente lo mismo. Declara su deseo filantrópico de darle a los fans, a los niños, algo más real y tangible.

Es ante este nuevo simulacro más eficaz que el relato de Grant que él y Malcolm, bromeando a medias, anuncian el fin de la paleontología.


Dr. Alan Grant: It looks like we're out of a job. Dr. Ian Malcolm: Don't you mean extinct?


Grant y Sattler viven su llegada al parque con fascinación, alarma, y con cierta melancolía ocupacional. Si todos se preguntan qué van a hacer ahora es porque ya no hace falta su relato para darle dinosaurios al pueblo.

Es en ese sentido que el parque los vuelve obsoletos, por más que su saber sea invaluable para él, mucho más allá del aval que les pide Hammond. Son útiles como guías, pero ya no son imprescindibles: el parque es de genetistas, veterinarios, y cazadores-carceleros, y sus dinosaurios de carne y hueso le pasan por encima a cualquier otra forma de representación. Como, por ejemplo, en ese momento genial en que la sombra del velocirráptor vivo (hola, Susana) se superpone al velocirraptor pintado en la pared del comedor. No hay punto de comparación. A los paleontólogos les tocará entonces "evolucionar" y encontrar otro rol, un espacio que les deje el parque. Si antes eran narradores, ahora serán interpretadores, veterinarios improvisados, rescatistas.

Lo maravilloso es esto: el que se quejó de que estaba extinto fue Phil Tippett, un titán de los efectos especiales y de la vida , que trabajaba en Jurassic Park. Estaba preparando la animación los dinosaurios en go-motion (técnica que co-inventó) cuando Spielberg decidió usar imágenes generadas por computadora. "I think I'm extint", dijo. A Spielberg le encantó y lo incluyó en el guión.

Al final Tippett también evolucionó: usaron sus técnicas de animación y toda la investigación que había hecho, y él se transformó en el "supervisor de dinosaurios" de la película. Porque, a todo esto, en Jurassic Park se despliegan otras tres formas de representación del dinosaurio, esta vez específicamente cinematográficas, que compiten entre sí: el go-motion que nunca se usó, las imágenes generadas por computadora, y el animatronic.

Huelga decir que hacer una película sobre dinosaurios es hacer una película de efectos especiales. Conseguir dinosaurios actores no es una posibilidad: acá no hay Lassie, Chatrán ni Willy que valga.

De estas técnicas fílmicas en pugna, el stop motion y sus variantes no se extinguieron, sino que dejaron de ser efecto especial de punta y se cruzaron, convertidas en fetiche arty, al cine animado. En cambio, la animación por computadoras parece haberse vuelto hegemónica, si no por su uso efectivo, al menos por su prestigio como la mejor y más innovadora técnica. Si bien se sigue utilizando el animatronic ahora resulta más bien tosco, especialmente al repasar cuatro décadas de creaturas inexistentes o imposibles llevadas a la pantalla: extraterrestres (Alien, E.T.), robots asesinos del futuro (Terminator), animales parlantes (Sabrina, la bruja adolescente) o demasiado peligrosos (Tiburón). Desde Falkor hasta los Gremins, todos los bicharracos de nuestra infancia tuvieron ese movimiento robótico bajo la piel (o el pelaje) sintética, ese parpadeo lento y siniestro.

Hoy en día uno de los usos más comunes de los animatronics es como atracciones de parques de diversiones. La exhibición de creaturas móviles es, por supuesto, más efectiva que la de estatuas o ilustraciones, y no casualmente la mayoría de ellos son dinosaurios.

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