Cine y TV 10 Dic 2012
In Soviet Russia, dolphin trains you

Seis grados de separación entre el capitán Picard y los niños índigo.

El océano, la frontera final

¿Cómo tener contentos al mismo tiempo a un niño chico que no lee subtítulos, una niña mediana que más o menos, y unos padres geek que sólo quieren descansar en paz un par de horas? A mediados de los 90, USA Network proveyó y le dio al mundo los Sábados de Sci-Fi.

Pegadito a Viaje a las estrellas: La nueva generación estaba SeaQuest DSV , una serie que la copiaba formulaicamente. Se trata no de una nave errando por el espacio, sino de un submarino errando por los mares terrícolas. No sólo se parecen la negrura inhabitable por la que viajan, la composición de la tripulación , la estética de los uniformes: también tienen en común la naturaleza fundamentalmente exploratoria de sus misiones. Basta comparar la presentación de SeaQuest

El siglo XXI: la humanidad ha colonizado la última región sin explorar de la Tierra; el océano. Como capitán del SeaQuest y su tripulación, nosotros somos sus guardianes, ya que bajo la superficie yace el futuro.

con la de Viaje a las estrellas

El espacio, la frontera final. Estos son los viajes de la nave espacial Enterprise. Su continua misión: explorar extraños nuevos mundos, buscar nuevas formas de vida y nuevas civilizaciones, viajando temerariamente a donde nadie ha llegado antes.

La misión del submarino es doble. Por un lado, tiene un rol exploratorio-científico. En una era en la que ya no hay ni un centímetro de tierra que descubrir, no queda otra que continuar la aventura colonial por otros medios. Así es como Picard y los suyos prosiguen la exploración en el espacio exterior, pero como bien señala la barra del SeaQuest, no toda la Tierra es tierra. El océano será en SeaQuest un espacio por conocer, con el objetivo explícito de aprovecharlo económica y habitacionalmente.

En esa misma línea, el personal científico de la nave a menudo lleva adelante experimentos biológicos, geológicos o, incluso, arqueológicos. Los personajes no dejan de hablar de la importancia de cada descubrimiento, y el abanico de posibilidades que abren. "Bajo la superficie yace el futuro", porque todo eso que no conocemos tiene un potencial enorme. Paralelamente a esta labor científica ficcional, cada capítulo de las primeras dos temporadas termina con un pequeño clip de un científico de carne y hueso que cuenta en qué está trabajando.

La segunda tarea del SeaQuest, la que domina seguramente la trama, es militar: proteger los recursos económico-ecológicos del mar de confederaciones o países enemigos y mediar en conflictos internacionales. En Viaje a las estrellas, la humanidad en paz se embarca en un periplo diplomático-etnológico, casi por amor al arte; el enfrentamiento armado es una eventualidad desafortunada. En cambio aquí, en nombre de la United Earth Organization, el capitán Bridger y los suyos trabajan de policías del mundo, interviniendo directamente en cualquier situación que consideren relevante.

Es que en SeaQuest, después de muchos años de guerra, la Tierra ha alcanzado una paz frágil que, según la lógica yanqui, hay que mantener aunque sea por la fuerza. La tensión sigue siendo grande, especialmente con y entre los sospechosos clásicos de principios de los 90: Medio Oriente, los Balcanes e incluso algún soviético vetusto (es ejemplo notable el equipo de georgianos especialistas en espionaje telepático que aparece en uno de los primero episodios).

Esto nos lleva al último punto de contacto entre SeaQuest y Viaje a las estrellas: la fuerte presencia de temas más bien místicos. En ambos programas la parapsicología, los espíritus, las posesiones, las realidades paralelas y los viajes en el tiempo son moneda corriente. La ciencia ficción se desliza hacia un costado más fantasy y recurre a un discurso muy New Age, a una serie de problemáticas "espirituales" que incitan tanto a la reflexión como a la maravilla.

Darwin y yo

Uno de los habitantes más notables del SeaQuest es el delfín Darwin, la mascota del submarino, que se mueve por él a través de tubos y piletones. Posee todas las características clásicas del delfín cinematográfico: es simpático, juguetón, generoso y sumamente inteligente. Narrativamente es un personaje muy importante, que tiene el mismo peso que los demás. Justamente, uno de los primeros episodios de la serie gira en torno al lugar de Darwin en el SeaQuest y su posición ambigua, a mitad de camino entre la sociedad cetácea, a la que pertenece por naturaleza, y la tripulación humana, a la que se une por elección.

El simpático animal habla con sus amigos humanos con ayuda del vo-corder, un aparatito que traduce (rudimentariamente) sus chillidos y clics en una vocecita robótica. Además, como buen delfín televisivo, es psíquico y puede comunicarse telepáticamente, especialmente con algunos oceanautas con los cuales tiene una relación particularmente cercana. Les envía flashes, advertencias, pedidos de ayuda, que según la descripción de alguien "llegan directamente a tu sistema nervioso".

Entender a Darwin es un gran problema: aparentemente, la forma en que razona el delfín es tan distinta a la nuestra que no podemos comprenderla del todo. Y esto es frustrante porque él posee una sabiduría valiosísima, a la que sería maravilloso poder acceder. Darwin es el embajador de una especie dueña de otra inteligencia, que no difiere de la humana cuantitativamente sino cualitativamente. Se presta con docilidad a los esfuerzos de los humanos por hacer contacto, no ya desde la acrobacia y la boludez, sino compartiendo el conocimiento del mundo de dos especies en plano de igualdad. Los delfines, de esta forma, se presentan como un doble de los humanos al igual que los velociraptors en Jurassic Park. Lo que pasa es que, a diferencia de los velociraptors, esta especie en emergencia no será percibida como una amenaza sino como una amiga.

En un capítulo llamado "Hide and Seek", el dictador balcánico Milos Tezlov (¡interpretado por William Shatner con bigote!) llega para robarse los delfines de una reserva y usarlos militarmente. Después resulta que tiene un hijo autista y por eso se conforma con robarse a Darwin y el vo-corder (con fines terapéuticos). Sin embargo al final se entrega a una yugoslava cruel para que lo ejecuten por sus crímenes de guerra. Pero antes, cuando era malvado, se pasaba el día justificando el genocidio y diciendo cosas como:

En la guerra entre los Estados Unidos y Vietnam, los delfines estaban entrenados para cazar, matar, ayudar en la masacre. Una pistola de dardos con un cartucho de CO2 amarrado a la cabeza de un delfín, hundido en el cuerpo de un humano, y encendido. Una muerte muy dolorosa por asfixia. Sus delfines serán entrenados para hacer esto, y más. El derramamiento de sangre me sigue como la cola de un vestido de novia.

Guerra fría, mar caliente

Cuando la Viaje a las estrellas original empezó a hablar de la frontera final, en 1966, había otra frontera muy real que nadie pretendía cruzar: la Cortina de Hierro. Es paradójico que la aventura espacial, que empezó como una vertiente más de la Guerra Fría, desemboque al triunfar en un discurso humanista y pacifista, del cual la serie de Gene Roddenberry hace eco.

Basta repasar las declaraciones de los astronautas, esas palabras hermosas que hablan del momento preciso en que la mirada se vuelve y se posa, no ya en el espacio exterior por conocer, sino sobre la Tierra. Apelan a la humanidad toda, e instan a superar los conflictos y buscar la paz. Hablan de la belleza de nuestro planeta, de su pequeñez y fragilidad (especialmente en la década del 90 cuando la preocupación se vuelve ante todo ecológica). La historia de cada astronauta es la misma: "fuimos a la Luna como técnicos; volvimos como humanitaristas", como dijo Edgar Mitchell .

Decíamos, entonces, que mientras así culmina la empresa astronáutica, empieza como tan sólo uno de los más extravagantes aspectos de la carrera armamentista durante la Guerra Fría, que no descuidó ningún frente. Ni los Estados Unidos ni la URSS se limitaron a armarse hasta los dientes sino que también, por si las moscas, crearon cada uno sus expedientes secretos X, su kiosquito paranormal. Abrevándose de una ingente movida hippie-espiritualoide, gobiernos de ambos bloques financiaron e impulsaron vastos estudios sobre fenómenos psíquicos y paranormales. Qué época hermosa debe haber sido. Realmente se le podía vender cualquier cosa al Estado.

Una de las magníficas ideas que alguien tuvo fue el uso militar de los delfines y otros mamíferos acuáticos que pueden patrullar, remover o colocar minas, rescatar gente y equipo, llevar dispositivos de detección o, según muchos presumen (aunque los gobiernos lo niegan), atacar buzos y embarcaciones. Nace así el mito del delfín entrenado para matar, terriblemente letal (más que los tiburones con láseres en la cabeza del Dr. Evil), pero víctima de los humanos que obligan a animales inteligentes, sensibles e inocentes a una violencia que no está en su naturaleza. Lo cual es mentira, porque aparentemente los delfines se la pasan matándose por gusto, atacando marsopas y siendo unos hijos de puta.

En los EE.UU., el US Navy Marine Mammal Program comienza en 1960 y se usan delfines en las guerras de Vietnam y del Golfo, pero en los 90 el programa se reduce hasta quedar casi desmantelado más que nada por la presión de las sociedades protectoras de animales. Algo muy similar sucede en la URSS, sólo que mientras la política que toma la marina estadounidense es entrenar a los delfines para liberarlos (aunque no necesariamente la cumplen), el estado soviético los vende a Irán y a oceanarios de todo el mundo.

In Soviet Russia

El chistecito de "In Soviet Russia", (también conocido como "The Russian Reversal") fue popularizado a fines de los 80 por Yakov Smirnoff, un comediante nacido en Odessa que emigró a los EE.UU. La gracia está en la inversión: "In America, you can always find a party. In Soviet Russia, Party always find you!". Es decir, aprovecha algo que aún hoy está muy arraigado en la cultura pop occidental: la configuración de Rusia como una especie de mundo del revés. Décadas más tarde, el meme goza de buena salud en Internet, ahora apoyado fuertemente en lo visual.

Esto habla de un proceso de mistificación del bloque soviético que, como toda exotización, siempre es funcional a algo; eso nos enseñó Edward Said en Orientalismo . En este caso, sirvió para cimentar el miedo y transformar al comunismo en una aberración en vez que una elección económica viable. Un pueblo dispuesto a despreciar lo más sagrado del ethos liberal es capaz de cualquier horror. ¿Quién te dice que no comen bebés?

Pero además, el mundo más allá de la Cortina de Hierro sirve como basurero simbólico. De lo lejano a lo desconocido, de lo desconocido a lo misterioso, de lo misterioso a lo mágico. ¿Quién te dice que ahí no pasan cosas maravillosas?

Y así es como llegamos al más profundo pire místico, por dos caminos: 1- Los rusos son raros y están locos. Por lo tanto, es plausible que sean capaces hasta de destruir misiles con la mente. 2- Tengo muchísimas ganas de que los delfines sean mágicos. Muchas. Los delfines mágicos tienen que existir, pero no están acá: por lo tanto, están en otro lado, y no hay lado más otro que el bloque soviético.

Los niños índigo y el pire místico

De cualquiera de esos razonamientos resultan textos como "Índigos y delfines" , un relato semianónimo que circula en Internet cuyo valor literario es indiscutible.

Podemos ubicar al enunciador en un marco temporal que va de la publicación del célebre libro de Sheila Ostrander y Lynn Schroeder, Psychic Discoveries Behind The Iron Curtain, en 1970, y la disolución de la KGB, a fines de 1991. Entendemos, además, que es estadounidense ("nuestro departamento de Guerra").

Si es cierto que fue escrito en ese momento, sabemos de todas formas que fue publicado en esta página en el 2010. Pero Internet nació al mismo tiempo que desaparecía la URSS: Internet y la Guerra Fría nunca se superpusieron. Suponiendo que esta tal ☼TäRA☼ encontró un texto real y verídico, ¿por qué eligió subirlo tal cual, en primera persona y en tiempo presente? ¿Qué sentido tiene hacerlo circular en este contexto? ¿Y por qué ese ominoso final, esa urgencia de armarse metafísicamente (¡y en nombre de la paz!) contra los ataques físicos de un enemigo que nos pasa el trapo en ese campo? No tiene, a esta altura del partido, ningún sentido.

Ciencia y verosimilitud

Es interesante observar los saberes a los que el texto apela. Tenemos, como organizador, el testimonio del amigo y lo que ve "con sus propios ojos". Cita a Ostrander, Schroeder y Cleve Backster, autoridades en materia paracientífica de las décadas del 60 y 70 , y vemos también una terminología que remite al esoterismo, a un espiritualismo post-hippie, como el Tercer Ojo y la Edad de Acuario. Pero junto a eso hay una fuerte apelación a lo científico: las células, el cuidado prenatal, y sobre todo la idea misma de observar y experimentar.

Lo que hace el autor anónimo es poner todo en el mismo plano: todas las afirmaciones son equivalentes. Pasa de citar a los científicos rusos a los metafísicos, sin transición, y hace parecer que es todo lo mismo. Se trata de un discurso que se aleja de la ciencia, y muchas veces la desprecia, pero se apoya en ella y aprovecha su prestigio. Por eso lo llamamos pseudociencia: hace afirmaciones vagas, exageradas, o inverificables, que no están respaldadas por un método científico válido, pero les da deliberadamente apariencia científica.

Así, logra contrabandear proposiciones más que discutibles entre otras que deberíamos dar por ciertas. Y eso está mal: los hechos, las creencias, las opiniones y los deseos son cuatro cosas muy distintas. Mezclarlas es trampa o boludez, pero en cualquier caso no se hace. Transigiremos con todo, renunciaremos a todo, menos al método científico. Como la democracia, no es perfecto y falla seguido, pero por ahora es lo mejor que tenemos.

Ahora bien, el uso oportunista de la ciencia es sólo uno de los procedimientos de verosimilización que usa este texto. La ubicación en la URSS también es crucial, porque explica por qué no se sabe nada de esto en Occidente, por qué nunca se ha visto algo así. Es que claro, el más razonable argumento en contra (y el que es más importante refutar) es que si existieran los niños índigo con láseres en la cabeza del Dr. Evil habríamos visto uno alguna vez.

Se trata, también, de una "inversión rusa" a la Smirnoff. Como la mayoría de los relatos paracientíficos, promete el advenimiento del famoso "Nuevo Orden Mundial" en el que los ignorados serán los poderosos, los opresores los oprimidos, las verdades aceptadas serán paparruchadas (y viceversa) y, lo más importante de todo, los pirados serán profetas. Los delfines no serán más una especie inteligente pero inferior ni, como en SeaQuest, dotada de una mente distinta pero par a la humana. Son ahora más sabios y poderosos que los humanos, y así lo reconocen en Rusia, tierra carnavalesca, que invierte por adelantado todas las preconcepciones y las jerarquías. In Soviet Russia yace el futuro.

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