Ciencia 10 Jun 2013
Hacia la construcción de una conciencia interplanetaria

Un recorrido por las instituciones que buscan difundir ciencia astronómica.

Un recorrido por las instituciones que buscan difundir ciencia astronómica, impulsar el interés y acercar el cielo a la vida cotidiana de las personas. Porque todos soñamos con ser el Capitán Picard alguna vez.

Que la televisión ha hecho mucho más que los científicos para despertar nuestro interés por el espacio exterior es una premisa indiscutible. Si no, pensemos, por ejemplo, en Viaje a las Estrellas. Además de haberse consagrado como una de las mejores series de ciencia ficción de todos los tiempos, Star Trek no sólo mostró aparatos tecnológicos que luego fueron desarrollados en la vida real -como el escáner del Dr. McCoy que años más tarde se traduciría en la Tomografía Axial Computarizada (TAC)- sino que también generó conciencia interplanetaria. Aun antes de la primera misión tripulada a la Luna, su guionista Gene Roddenberry, en 1966, se propuso pensar la exploración de los mundos que existen más allá del nuestro. Sin duda, la masividad de estas producciones culturales funcionó como un gran aliciente para convertir a la ciencia astronómica en un área de estudio, para muchos, más que atractiva.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte, algunos lugares de la Argentina en los que se produce y/o se difunde ciencia, han empezado a interesarse un poco más en quitarle solemnidad académica al conocimiento y acercarlo a las personas.

Alejandro Blain es el director de la Asociación Argentina Amigos de la Astronomía (A.A.A.A) una de las instituciones civiles del país que, junto con otras, busca impulsar este interés y difundir, de forma didáctica pero sin perder rigurosidad, ciencia astronómica básica y no tan básica. Su historia es algo curiosa: en la década de los 60, fanatizado con el mundo de los vulcanos y maravillado con el cielo que podía ver por las noches desde una isla del Tigre, Blain se enteró de la existencia del Observatorio en una visita familiar al Museo de Ciencias Naturales, que está solo a unos pasos. "Yo vi la cúpula y al otro día estaba acá", cuenta desde la oficina del establecimiento en el que pasó -y todavía pasa- la mayor parte de su vida.

Esta asociación sin fines de lucro ubicada dentro del Parque Centenario nuclea desde 1929 a cientos de aficionados (y algunos profesionales) en la materia y funciona como uno de los lugares más consultados por aquellos que quieren saber un poco más del tema. "Somos un semillero. Hay mucho piberío interesado que se acerca y se da cuenta de que estudiar algo relacionado con todo esto es posible. Además, los chicos se enteran de que hoy en día no existe el científico loco que puede resolver por sí solo el origen del universo. Advierten que son equipos interdisciplinarios: si te vas a poner a averiguar si hay otros planetas como la Tierra, tenés que abarcar por todos lados. Así, empiezan a conocer otras áreas de estudio, como la Geología Planetaria, que pueden llegar a interesarles".

El gancho, sin duda, es la cúpula. La A.A.A.A. cuenta con dos telescopios que todos los viernes y sábados del mes, siempre y cuando esté despejado, son consultados por grupos de entre quince y veinte personas. La visita tiene un costo de veinte pesos y supone, además del avistaje de estrellas y planetas, explicaciones a cargo de profesionales del tema que traducen al castellano cuestiones que, para el ciudadano común, resultan inaccesibles. "Gracias a los avances de la comunicación, todo se potenció en relación a la cantidad de asistentes. Antes venían cien personas en todo el año. Ahora recibimos muchas más y de todas las edades. Chicos, jóvenes, universitarios. También se acercan muchos que, por la edad, empiezan a trabajar menos y tienen más tiempo para dedicarse a cosas que siempre quisieron hacer", cuenta Blain.

En la A.A.A.A. el objetivo es claro: "Buscamos cultivar y difundir la ciencia. Ese orden es importantísimo. Hacemos escuela y nos encargamos de que la mayor parte de la gente se entere de los resultados. Lo que tiene la Astronomía, muy distinto de otro tipo de disciplina, es que el aficionado puede participar en serio de la investigación". Y eso, en el Observatorio de Parque Centenario, es una realidad. Además de brindar distintos cursos arancelados, ponen a disposición del alumnado y de los socios la posibilidad de integrar y colaborar en las investigaciones que están en marcha.

Pero esta no es la única institución que intenta difundir ciencia y darle precisión a aquello que la industria cultural, muy generosamente, nos ha acercado. El Planetario de Buenos Aires, ubicado en el barrio de Palermo, a unas cuadras del ZOO, no sólo es la excursión escolar más esperada -sobre todo, por los que flasheamos con las espadas láser de Star Wars- sino que también crea conciencia espacial.

A diferencia de la Asociación de Amigos de la Astronomía, este establecimiento que depende del Gobierno de la Ciudad funciona exclusivamente para arrimar esta disciplina a las personas. "Nosotros tenemos una estrategia clara de comunicación", afirma Mariano Ribas, responsable del Área de Divulgación Científica, y aclara: "Desde 2001/02 hasta ahora, el Planetario tuvo un importante aumento en la cantidad de público. En la actualidad estamos recibiendo más de 350.000 personas por año, 50 mil más que una década atrás".

Según Ribas, este aumento, lejos de deberse a un apoyo del Estado, tuvo que ver con el trabajo de sus empleados. "Nosotros empezamos a incorporar cosas que no existían, como por ejemplo telescopios. Antes de 2001 el Planetario no tenía ninguno. Ahora hay un área que trabaja con ellos desde hace doce años y que los pone a disposición del público todos los fines de semana y cada vez que hay un evento especial en el cielo".

Esta nueva actividad fue fundamental para conseguir mayor presencia en los medios de comunicación, algo que hace diez años no existía. "No es casualidad que cuando hay un eclipse los medios vengan acá. Eso se ganó con muchos años de laburo. Nosotros damos entre 200 y 300 notas por año y eso hace que el alcance sea obviamente mayor, porque con una sola aparición en televisión se logra alcanzar más gente que la cantidad total de asistentes en todo un año".

Este plan de comunicación y difusión también supuso una transformación del perfil de gente que convoca. "El Planetario siempre fue un lugar al que venía mucho público infantil. Pero de a poco se ha ido buscando que sea atractivo también para gente joven y más grande. Hoy en día, la mitad del público no está en edad escolar", detalla Ribas. Además, cuenta que han incorporado un Planetario para ciegos: "Obviamente no es el que más convoca, pero sí sirve para llegar cada vez a más gente". Quizás esta ampliación se debe, en parte, a que la mayoría de las actividades periféricas -como los cursos de Astronomía al que asisten más de 200 personas por comisión- son gratuitas.

Con esta consigna, la de darle una base teórica a lo que aprendimos en las películas, también funciona el área de divulgación del Instituto de Astronomía y Física del Espacio (IAFE), un centro de investigación dependiente del CONICET y de la Universidad de Buenos Aires (UBA) que está a unos pasos de la Facultad de Ciencias Exactas, en Ciudad Universitaria. Desde 2000, esta área ha invertido esfuerzos en intentar transmitir a la sociedad los conocimientos en el campo de las ciencias del universo que sus 100 investigadores producen desde 1970.

Liliana Opradolce, física especializada en Condiciones Atómicas y doctorada en Francia, ahora está a cargo de la parte de comunicación del Instituto porque, para ella, es indispensable que "la ciencia llegue a todos". "La gente todavía cree en el horóscopo", se indigna.

Las actividades que desde hace una década vienen incorporando son múltiples: en principio, la creación de una página web que explica de qué se trata la institución, fue un avance. Luego, se empezaron a organizar jornadas a puertas abiertas sobre distintos temas, destinadas al público general y también comenzaron a visitar escuelas o recibirlas en el establecimiento."Hemos hecho cosas que nos han demandado mucho. Una vez estuvimos dos semanas de invierno en una carpa, muertos de frío, haciendo actividades para los chicos. Si querés motivar a cursar la carrera de Astronomía no podés aburrir desde el minuto cero, tenés que ser creativo, como investigador es clave sacar esa faceta", explica Liliana. El instituto también ofrece cursos de Astronomía para principiantes (a cargo de los licenciados Sergio Paron y Martín Ortega), gratuitos y para todo público.

Pero el IAFE, a diferencia de los dos anteriores, está más abocado a aquellos que piensan la astrofísica como una profesión: "Recibimos montones de mails de chicos que quieren estudiar Astronomía, pero que -como es una carrera que sólo se dicta en La Plata- tienen problemas para viajar. En general, les aconsejamos que se anoten en la Licenciatura en Física en la Facultad de Exactas de la UBA porque realmente van a tener que aprender mucho de esa disciplina si quieren dedicarse a estudiar el cielo. Una vez que se reciban, pueden elegir para qué lado agarrar".

Debido a que se trata de un instituto con gran prestigio internacional, es usual que el IAFE trabaje conectado a otros centros astronómicos tanto del país, como del exterior. "Hay mucha interrelación. Se trata de fomentar lo que hay en Latinoamérica y llevar las investigaciones al mundo. Además, hay instancias en las que sí o sí es necesario trabajar mancomunadamente. Por ejemplo, el último satélite que se hizo acá se fue a "sacudir" a Brasil (sí, antes de mandarlos al espacio, los satélites se sacuden) porque en Argentina todavía no está la maquinaria necesaria". Por otra parte, desde esta área, se difunden las actividades que organizan las demás instituciones, como las que propone el Planetario o la Asociación de Amigos de la Astronomía.

Tanto el Observatorio, como el Planetario y el IAFE funcionan como puente para los que miran al cielo y se intrigan. Pero no son los únicos. El Observatorio de la Universidad de La Plata, el de Rayos Cósmicos de Mendoza, así como otros más pequeños instalados en los colegios Cristóforo Colombo, San José y en el Nacional Buenos Aires, contribuyen a democratizar el conocimiento científico, muchas veces tan escatimado, sobre todo en el interior del país.

Si bien para muchos la Astronomía es más un hobbie que otra cosa (es la disciplina con más aficionados del mundo), para otros, acercarse a estas instituciones es el primer paso de una larga carrera como investigadores. Para Mariano Ribas, la difusión de estos temas es fundamental para "despertar el interés sobre la ciencia astronómica en personas que creen que se trata de algo muy difícil de entender o acceder". Y ejemplifica: "Miguel San Martín, el científico argentino que creó el software del Curiosity (ver LINK DEL ARTÍCULO) -la nave que descendió en tierra marciana- hace unos años se acercó al Planetario para contarnos que de chico venía. Nos agradeció por el trabajo que hacíamos y nos dijo que sin ese laburo, no habría gente como él".

Posiblemente, el sistema instalado al interior del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) -adonde van a parar los mejores académicos del país- no aporte demasiado a la hora de reducir la brecha. "Allí se valora mucho el trabajo de papers (publicaciones científicas), pero el que se hace en el territorio, en contacto con la gente, no. Esto es así porque es muy difícil su evaluación. Si el tipo escribió un paper vos sabés que lo mandó a una revista, tuvo un referí. Si dejás mucha libertad, se presta a la chantada", expresa Opradolce sobre esta problemática.

Sin embargo, reconoce que, en los últimos tiempos esta distancia ha intentado revertirse: "En la página del Consejo uno puede encontrarse con científicos que explican lo que hacen. Eso no existía antes. Además, el Suplemento Futuro de Página 12, especializado en la difusión de nuevos descubrimientos científicos, ayuda". Mariano Ribas, del Planetario, también advierte un contexto favorable en cuanto a la divulgación científica. "El trabajo es largo y duro. Pero que, por ejemplo, Adrián Paenza tenga un programa de ciencia desde hace once años demuestra que ha habido un giro de muchas cabezas".

Sea o no gracias a Star Trek, los vulcanos, el fanatismo nerd u Obi-Wan, el interés ahí está. La estrategia está en capitalizarlo. En palabras de Mariano Ribas: "Divulgar ciencia es ponerla en juego, comunicarla y hacerla carne en la gente. En definitiva, es hacer ciencia de otra manera".

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