Cine y TV 11 Jun 2012
El mensaje político detrás de los efectos especiales

¿Está en la manipulación genética el germen de una nueva forma de disciplinamiento?

Si algo nos dejó la década del '90 -además de la instauración del neoliberalismo en América Latina, las privatizaciones del sector público, el Consenso de Washington y la muerte, lenta pero definitiva de la riñonera como prenda accesoria- fue el increíble avance de los conocimientos en el campo de la genética. Gracias a los adelantos tecnológicos y al incentivo económico por parte de los gobiernos de los países desarrollados, comenzaron a producirse importantes descubrimientos en esta materia (ver recuadro).

Paralelamente, en 1990, Michael Crichton publicó la novela Jurassic Park, obra sobre la cual Steven Spielberg basó el guión del film que vería la luz en 1993 y que llevó el mismo nombre. Su incomparable éxito -que no sólo superó el de E.T., sino que decretó el nacimiento de una generación de niños que, ya adultos, todavía sueña con la segunda venida de los dinosaurios al planeta- permitió que la película se estrenara en casi 80 países, desde Venezuela a Pakistán, y además se convirtiera en la más taquillera del año.

En los '90, entonces, fuimos testigos de dos procesos simultáneos: por un lado, el boom de los experimentos genéticos subvencionados por los gobiernos de Europa y de Estados Unidos, y por el otro, el estreno mundial de la primera entrega de la trilogía de Spielberg cuyo sello se perpetuaría en el tiempo hasta el día de hoy. Estos "fenómenos" que a simple vista parecen tener en común sólo la década de aparición, no sólo pueden sino deben pensarse en relación. Estudiar uno sin el otro sería algo así como querer entender el peronismo sin haber visto una película de Leonardo Favio, o analizar la dictadura sin haber escuchado nunca Serú.

Porque pensemos: Jurassic Park no toca cualquier tema. Todos sabemos que el argumento de la película gira en torno a la posibilidad de regenerar vida extinta (la de los dinosaurios) a partir de esta técnica (la manipulación de los genes), con el fin de construir en una isla un parque de diversiones (el Parque Jurásico). Sí, el sueño de Walt Elias Disney, un poco más complejo y menos legal. Al interior de este proyecto, impulsado por el adorable viejito que "no repara en gastos", John Hammond (¿el Disney de los dinosaurios?) y dueño de la empresa científica y ficticia InGen que lo lleva a cabo, funcionan dos cuestiones ineludibles que, si bien pueden mencionarse por separado, están interrelacionadas: por un lado, la utilización de los avances tecnológico-científicos para fines comerciales, y por otro, la obtención de nuevas vidas de manera artificial y con la posibilidad tanto de determinarlas como de controlarlas.

Independientemente de que, al final y tal como apuntó el matemático convocado por Hammond, el Dr. Ian Malcom, "la vida se abrió camino", los científicos crearon una especie genéticamente predeterminada: estipularon el sexo (eran todas hembras), el número y decretaron el lugar de cada familia jurásica en el ecosistema. De esta manera, la reproducción y posterior superpoblación de dinosaurios era evitada y, en consecuencia, controlada. Como podemos observar, en la película constantemente subyace una cuestión: el uso de la tecnología genética para fabricar, decidir y determinar la vida de toda una especie.

Y es bajo estas premisas que me pregunto: ¿no hay en Jurassic Park una advertencia sobre el desarrollo cada vez más acelerado del control social a través de la manipulación genética?

Para responder a este interrogante, vamos a tener que acudir a mi filósofo favorito: Michel Foucault. Hace más de 30 años, este pensador francés, se ocupó de explicar cómo el Estado, a través de sus instituciones de encierro (como la cárcel, el hospital, la escuela, etc.), inscribía su poder sobre los cuerpos de los individuos corrigiendo y reformando sus aptitudes para incorporarlos "naturalmente" al sistema y garantizar su mantención. De esta manera, cualquiera de nosotros, una vez que fuera atravesado por alguno de estos organismos, vería su cuerpo moldeado y reformado, y se convertiría en un individuo no sólo mental, sino también físicamente, preparado para producir. Una sociedad de seres disciplinados para trabajar es una sociedad capacitada para reproducir las bases del capitalismo.

Sin embargo, las sucesivas investigaciones sobre la estructura del código genético y las crecientes posibilidades de manipularlo, parecen no anular pero sí rediseñar el planteo foucaultniano.

Jurassic Park, en 1993, pone sobre la mesa una discusión que ya era pertinente pero que ahora se vuelve mucho más: la posibilidad de que unos pocos capacitados modifiquen la estructura genética del resto de los individuos. Premeditadamente o no, la película aporta un llamado de atención sobre los efectos del avance de la tecnociencia en asociación con el poder político y económico.

Si tenemos en cuenta los avances de la ciencia en las últimas décadas y la descripción cada vez más precisa del código genético (el Proyecto Genoma Humano, por ejemplo), con el fin de detectar errores y corregir defectos "de fábrica"... ¿no es posible pensar que el lugar de las instituciones de encierro como reformadoras de aptitudes está siendo tomado por una técnica (la manipulación genética) aún más eficaz, que se nos presenta como una solución a todos los males pero que no es más que una nueva forma de penetrar en las fibras más íntimas de los individuos? ¿Qué es el ADN sino el sitio ideal para operar profunda e irreversiblemente sobre nuestros organismos?

Ante el deslumbramiento que producen los avances médicos que prometen garantizar el fin de las patologías, habría que preguntarse si, en este caso, los experimentos sobre la estructura genética en los seres humanos no son sino la mejor manera de ya, no sólo de corregir, adaptar o reformar, sino directamente predeterminar, crear, prevenir, inventar conductas y comportamientos en los individuos.

Quizás es un poco jugado hablar de control social a través de la genética, pero creo que es oportuno. En un mundo en donde el ser humano vive atravesado por el discurso científico (como única verdad comprobable y legítima), el avance de la manipulación genética resulta un hecho al que hay que prestarle atención, sobre todo si pensamos que la clonación humana ya dejó de ser parte sólo de la imaginación de un guionista de novelas de ciencia ficción para convertirse en un debate que empieza a hacerse lugar en la agenda política de algunos gobiernos. Y en este prestarle atención, debemos preguntarnos: ¿cuán lejos estamos de comenzar a dejar de "someternos" a los designios de la Naturaleza, al azar de la reproducción natural de la vida, para comenzar a fabricar seres humanos que porten las aptitudes requeridas para responder a las necesidades del sistema? ¿Cuánto tiempo para suprimir de las cadenas cromosómicas aquellos "defectos de programación" que dificultan esa misma tarea? ¿Diez, quince, veinte años?

No sé. De lo que estoy segura es que estamos transitando ese proceso que no es más que otra vez la misma historia. El saber (la ciencia) y el poder aliados con el mismo fin: mantener el statu quo, optimizar sus ganancias y asegurar la hegemonía a costa de la libertad de los sujetos.

Quizás no nazca otro Foucault para explicarnos los efectos de este nuevo dispositivo político para ejercer el poder. Pero, de seguro, habrá más Jurassic Parks para evitar que esta transformación nos pase por al lado.

Sólo habrá que estar atentos.

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