Cultura 10 Dic 2012
Comerciantes de delfines

Una postal del fin de la Guerra Fría y de los primeros pasitos del Consenso de Washington.

Una postal del fin de la Guerra Fría y de los primeros pasitos del Consenso de Washington con los escombros del muro de Berlín aún tibios y humeantes... El show de Maya y sus amigos, ahí nomás de la General Paz.

1. Comuníquese, archívese, olvídese

La Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre (CITES, por sus siglas en inglés), es un tratado multilateral de adhesión voluntaria. Aquellos países adherentes se convierten en partes dispuestas a aplicar las normas estipuladas por la Convención para la administración de sus especies en estado salvaje. Actualmente, 175 países acuerdan con ella y desde 1981 Argentina es uno de ellos.

El 10 de marzo de 1994, luego de tres oleadas importadoras que culminaron con la muerte de 11 delfines soviético-rusos, la Autoridad Administrativa de CITES en Argentina hizo saber, bajo notificación N°780, que quedaban suspendidas todas las importaciones de delfines, cualquiera fuera su especie y cualquiera fuera su origen, hasta que nuestro país adoptara una reglamentación relativa a oceanarios. Incluso cuando el 6 de noviembre de 1995 la CITES comunicó que Argentina había adoptado la Resolución 351/95 -que nuevamente la habilitaba para la importación de cetáceos-, reforzó la vigencia de la prohibición provisional de ingresar estos animales provenientes de la Comunidad de Estados Independientes (CEI)

Ahora bien, el 6 de noviembre de 1999, basados en un supuesto análisis de caso por caso, CITES habilitó un envío de 5 delfines y una beluga (Gregory) procedentes de la Federación de Rusia a la Argentina. Síntoma, compulsión que tiende a la repetición y lleva padecimiento: la notificación N°029 del 18 de mayo de 2001 nos informa que llegaron muertos 2 del delivery de 5 de delfines que pisaron Ezeiza. En consecuencia, Argentina decidió suspender de nuevo la autorización de importar delfines en forma directa de la Federación de Rusia o de cualquier Estado de la CEI. No se habían cumplido los artículos referidos al correcto transporte de mamíferos marinos de la Resolución 351/95.

El 9 de diciembre de ese mismo año, Lufthansa comunicó públicamente que suspendía su servicio de transporte de cetáceos capturados de su hábitat natural. La decisión derivaba del lamentable incidente en el que estos dos delfines habían muerto a bordo de un vuelo de Lufthansa Cargo que iba de Frankfurt a Buenos Aires. Los delfines habían volado primero de Moscú a Frankfurt en un charter ruso y habían pasado la noche en el depósito para animales del aeropuerto antes de ser embarcados en el vuelo que los traía a Buenos Aires.

2. Zurdos y cetáceos

En mayo de 1998 salió a la luz un informe elaborado por miembros de la Whale and Dolphin Conservation Society, que denunciaba -con una rigurosidad envidiable en los detalles- las trampas del comercio y la exportación mundiales de delfines nariz de botella (Tursiops truncatus) oriundos del Mar Negro entre 1990 y 1997. Argentina, Chipre, Hungría, Israel, Malta, Turquía y Vietnam son algunos de los puntos en una red de comercio de cetáceos altamente cuestionable, desarrollada desde mitad de la década de los 80 bajo el blasón de la hoz y el martillo.

El informe de la ONG da a entender que muchos de los primeros delfines comercializados supieron estar bajo entrenamiento militar pero que, a causa del vacío de inversión de la entonces Unión Soviética en instalaciones acondicionadas, debieron ser confinados a lo espectacular del circo y del show. Según el popular multimedios estatal Russia Today, "en los años 90 después de la caída de la URRS y con ello la división de la flota del Mar Negro, la subdivisión que se dedicaba al entrenamiento de mamíferos marinos pasó a Ucrania. Una parte de los delfines militares fue utilizada en el tratamiento de niños autistas y algunos animales fueron vendidos a Irán para uso pacífico" . Por su parte, la CITES especificó estos datos en su onceava reunión en Kenia, en el año 2000, alegando que "la Ucrania soviética había entrenado setenta delfines nariz de botella del Mar Negro para sus fuerzas especiales. Al finalizar la Guerra Fría, los animales entrenados dejaron de ser necesarios y las Fuerzas Armadas intentaron persuadir a compañías petroleras de que los delfines de las fuerzas especiales podrían serles de utilidad tras seguir un nuevo entrenamiento. Ya en 1994 se informó que se mantenía en Ucrania, en condiciones muy deficientes, a un gran número de delfines nariz de botella del Mar Negro, anteriormente utilizados por las Fuerzas Armadas. Se ignora qué destino tuvieron esos animales, si bien, al parecer, tres años más tarde se utilizaron en Ucrania unos veinte delfines de este tipo en programas de terapia humana".

La pregunta, entonces, viene a cuenta de esa otra parte que no fue ni enviada a Irán, ni reciclada en buzo petrolero táctico, ni usada con fines terapéuticos. Posiblemente esté compuesta de aquellos vendidos cual rezago militar a oceanarios más o menos improvisados de raros lugares como la Argentina. Los primeros cuatro delfines que llegaron al país desde el Mar Negro arribaron al aeropuerto de Ezeiza el 23 de noviembre de 1991 ¿Se trataría de ex combatientes del ejército soviético? ¿Con qué motivo vendrían a la Argentina? Mientras se declarara que el objetivo de la exportación/importación era establecer colonias reproductoras de conservación e investigación, la transacción podía oficiarse de manera legal. No resulta inverosímil entonces que los importadores argentinos alegaran haber firmado un contrato de manera directa con la Academia Rusa de Ciencias para la tenencia de delfines. Pero la CITES sostiene que, en todos los casos, el móvil real de esas transacciones era de índole comercial. La importación argentina no fue la excepción.

3. Nuevo Parque Sarmiento

En el extremo noroeste de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en el barrio porteño de Saavedra, se encuentra el Parque Sarmiento. El predio está emplazado en la Avenida Ricardo Balbín al 4750. Según el plano catastral, 70 son las hectáreas que conforman su superficie.

Fue inaugurado en 1981 durante la última dictadura militar, bajo la administración del Intendente Brigadier Osvaldo Cacciatore quien hoy en día goza de una increíble reputación entre los conductores de taxis de la ciudad que lo recuerdan, siempre que pueden, como el "último intendente nacionalista" que tuvo la ciudad.

El objetivo original de la parquización del predio era el traslado del parque zoológico Domingo F. Sarmiento. Pero como suele ser moneda corriente por estas latitudes, el proyecto original no fue concluido. Así, el predio quedó dispuesto para una utilización con fines sociales y de esparcimiento. Y lo único que permaneció del proyecto original fue el nombre. Sin embargo en la rueda del karma todo tiene un porqué y la finalidad original de albergar animales salvajes emergería nuevamente, manifestándose en tiempos postreros de manera bastante peculiar. Pareciera ser que aún los proyectos inconclusos del Estado argentino tienen una carga metafísico-espiritual (en sentido hegeliano) que luego termina desarrollándose en la historia.

El parque cuenta con infraestructura adecuada para el deporte y el esparcimiento: once canchas de fútbol para once jugadores por equipo, dos canchas de pelota paleta, dos sectores de juegos para niños, tres piscinas, cuatro canchas de fútbol reducido, cuatro canchas de handball, doce canchas de tenis (cemento), una cancha de beach volley, una cancha de sóftbol, una pista de atletismo, una pista de patín y el clásico sector de parrillas sin el cual ningún espacio abierto en la Argentina tendría sentido. También ostenta un skatepark abandonado a medio terminar, legado de la gestión inconclusa del Dr. Ibarra, A.K.A. el droga.

En 1991, a diez años de su inauguración, el predio se encontraba en un estado de abandono que lo acercaba más al Chernobyl post-nuclear que a un joven parque familiar de la traza urbana. Es que el gobierno municipal, a cargo del Intendente Carlos Grosso , lo concebía como un "agujero negro de recursos", como un pozo sin fondo para el presupuesto. Tanto es así que decidió concesionarlo a una administración privada (en sintonía con la política del Estado nacional de concesionar cuanto espacio público existiese). Después de un incuestionable y transparente concurso de licitación, la empresa seleccionada para recibir la concesión (el derecho de usufructo a cambio de un "canon" anual que la gerencia elegida debería reembolsar a la municipalidad) fue la empresa Pinatur S.A.

Y acá es donde retomamos eso de la rueda del karma: en el momento exacto en que la administración del predio, con un claro interés en obtener algún tipo de rédito económico, hizo del parque un hábitat propicio para el desarrollo de una serie de negocios si no arriesgados, al menos peculiares... Digamos que la administración se encontraba muy "permeable" a nuevas ideas para proyectos lucrativos relacionados con la recreación y el esparcimiento familiar.

Así fue como en este contexto de caos noventista, orgía liberal, importación de cetáceos soviéticos y periferia porteña, fue desarrollada una trama de complejas secuencias que dan como resultado el evento más peculiar en TODA la década del 90 en la ciudad de Buenos Aires.

4. Show de delfines todo el año

Para febrero de 1992, Pinatur S.A. inauguraba un rudimentario espectáculo para toda la familia en la pileta de saltos ornamentales del Nuevo Parque Sarmiento, con el agua salada y algunos estandartes de decoración. Un grupo fluctuante de delfines soviético-rusos, un lobito marino de procedencia desconocida y sus respectivos entrenadores del soviet se cargaron al hombro un show circense apto para todo público. Terminaría casi dos años después entre quilombos judiciales, denuncias de activistas ecológicos y una baja compulsiva de cetáceos rusos.

La historia sucedió más o menos como sigue: El 23 de noviembre de 1991, cuatro Turciops truncatus del Mar Negro "pisaron" suelo argentino luego de haber volado desde la Unión Soviética con sendos entrenadores. Eran Antonio (macho; 20 años), Antonia (hembra; 25 años), un macho NN y una hembra NN. Debían ser transferidos hasta Mar del Plata Aquarium, cuyo dueño habría organizado la operación de compraventa. Sin embargo, cierta flojedad de papeles fue detectada en la transacción y la aduana argentina no los dejó entrar. Alguien debía buscar un lugar alternativo a los contenedores para que los cetáceos pasaran las noches que fueran necesarias hasta que el asunto de los papeles quedara zanjado. Con la ayuda de un veterinario local sin experiencia en mamíferos marinos, los delfines fueron llevados a una pileta de Ezeiza como medida temporaria. Pero Antonio y Antonia ya no estaban para esos trotes y fallecieron en el aeropuerto antes de conocer las bondades acuáticas de alguna casa quinta de la zona. Aún sin la capacitación necesaria el veterinario dictaminó que los dos NN se encontraban un poco boleados, indispuestos. Viajar es agotador.

Con o sin los papeles en regla, los cetáceos innominados fueron transportados de noche hacia Mar del Plata Aquarium donde fueron depositados en una pileta poco acondicionada. Aún con ambientalistas y otros ciudadanos de a pie en contra, comenzaron a chapotear en clave de show hasta que el uso de la pileta fue prohibido por las autoridades locales. Enfrentando a la oposición, el acuario transfirió los dos delfines (nuevamente de noche) al Parque Sarmiento que los recibió en la pileta de saltos ornamentales.

Tanto el acuario marplatense como la concesionaria del parque porteño habían celebrado un acuerdo que los asociaba en la importación de cetáceos. Pero no por mucho tiempo, ya que una disputa legal sobre la tenencia de los cetáceos sobrevino casi inmediatamente al comienzo de los shows en el parque. Pero para mediados de 1992 el espectáculo en el parque porteño sumaba tres cetáceos nuevos traídos también de la ex Unión Soviética, por obra y gracia de un acuerdo celebrado entre Pinatur S.A. y la Academia Rusa de Ciencias. Eran Masha, Aída y Sherryl, que compartirían estanque con la hembra y el macho sin nombre. Sin embargo, en el conventillo de mamíferos marinos, la hembra sin nombre no dio más y partió al cielo de los delfines.

Por otro lado, se venían los 500 años del "descubrimiento" de América y alguien no tuvo mejor idea que organizar una expo (América 92) que, interpretando lo de descubrimiento y la modernidad de la América noventista de una forma muy singular, subalquiló dos de los cetáceos de Pinatur para que hicieran su gracia también ahí. A Expo América 92 le fue bien. A los delfines, no: uno de ellos murió después de haber quedado atrapado en una loneta que revestía la pared de la pileta donde estaban.

Para el 6 de agosto de 1993, un informe del veterinario del show destacaba la inactividad de los delfines que quedaban en Parque Sarmiento, especialmente la de Masha, estrella del espectáculo. Dos días después ésta moría y unos días más tarde Aída, de 20 años, le seguía el camino.

El 17 de agosto el cuerpo de Aída fue llevado por la policía al Museo de Ciencias Naturales donde la joven bióloga Marcela Junín, el equipo del Museo a cargo del biólogo Hugo Castello y el veterinario del parque llevaron a cabo una necropsia donde detectaron una gastritis severa: pasteurellosis. El estómago de Aída estaba lleno de pescado y algunos esqueletos habían perforado la pared gástrica. El estómago completo y su esófago estaban cubiertos de alimento no digerido y presentaba un avanzado estado de descomposición que había empezado mientras la delfín seguía viva. El cuadro culminó en una falla renal y cardíaca. Todo indicaba que Aida había sido alimentada a la fuerza.

La cosa no daba para más y a fin de mes el show fue cancelado con solo un delfín todavía vivo: Sherryl. Y aunque el laboratorio del Museo y algunas ONG intentaron rescatarlo, éste fue exportado para un show en Colombia en junio de 1994.

Se presume que Sherryl terminó en la pileta de un narco dealer (posta) en Cartagena de Indias para uso personal y murió de un ataque cardíaco en octubre de 1997.

5. Free market is the new sexy

Sin forzar los datos, podemos establecer que la línea de exportación rusa e importación argentina abierta por el móvil de los Tursiops truncatus del Mar Negro deja la posibilidad de algún tipo de punteo entre uno y otro país. Cual vector euclidiano, la masacre de los delfines soviético-rusos estableció una conexión entre un punto A (llamémosle Rusia 1991) y un punto B (llamémosle Argentina 1991). Sólo por mor del orden alfabético siempre arbitrario, -siempre tranquilizador- empecemos representando A y sigamos por B.

A. Rusia, noviembre de 1991.

Culminaba -bastante mal- la Perestroika, el proceso de reestructuración política y económica desarrollado por Mijail Gorbachov, Presidente Ejecutivo de la Unión Soviética entre 1989 y 1991. Lo que había sido un supuesto intento de reformar el sistema socialista para poder conservarlo, devino en una apertura al libre mercado como aplicación de una mistificadora receta de sanación ante la profunda crisis económica que sacudía la Unión desde mitad de los 80. Para ello, nada mejor que una política de desestatización que terminó convirtiendo a los gerentes, administradores o burócratas que manejaban las empresas estatales y la propiedad del Estado en sus titulares formales, mientras esperaban un acuerdo con el gran capital.

La fragmentación de la URRS como tal era también inminente. El 90 por ciento de los ucranianos votaba ese mismo año por su independencia y los tres estados bálticos, Letonia, Lituania y Estonia, andaban por las mismas aguas agitando la firma de un nuevo tratado que diera forma a una Comunidad de Estados Independientes (CEI). Un mes después del desembarco de los cetáceos soviético-rusos en Ezeiza, el 21 de diciembre, 11 de las 15 repúblicas de la URRS se reunía en la capital de Kazajstán, acordando las bases y condiciones para la CEI, disponiendo que en la noche vieja de ese mismo año la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas dejara de existir.

B. Argentina, noviembre de 1991.

Ya habían pasado dos años desde que el Jefe Supremo de la Jihad Liberal, el Dr. Carlos Saúl Menem, fuera electo para hacerse cargo de la Presidencia del hiperinflacionario país. Dos años habían pasado también de la sanción de la Ley N° 23.696 de reforma del Estado que declaraba en "emergencia" administrativa la prestación de los servicios públicos, de las empresas del Estado, sociedades del Estado, sociedades anónimas con participación estatal mayoritaria, sociedades de economía mixta, obras sociales del sector público, bancos y entidades financieras oficiales, nacionales y/o municipales y todo otro ente en que el Estado nacional o sus entes descentralizados tuvieran participación total o mayoritaria de capital o en la formación de las decisiones societarias. La emergencia -decían- sólo podía ser superada con la privatización de los bienes estatales pues la lógica era "achicar el Estado es agrandar la nación". En abril de 1991 había sido sancionada la Ley de convertibilidad del austral con el dólar de los Estados Unidos. De esta forma quedaba fijado por ley el valor de la moneda local respecto de la moneda americana, a razón de 1 dólar por cada 10.000 australes (que luego serían remplazados por una nueva moneda, el Peso Convertible, de valor fijo también en 1 dólar). El tipo de cambio favorecía las importación de productos y servicios en detrimento de su producción nacional. Así, la ecuación costo/beneficio cerraba siempre para el lado de lo que venía de afuera. Bajo esta lógica estructural y mental, resultaba mucho más simple importar delfines rusos o soviéticos o bálticos o georgianos que ir a buscarlos a Península Valdés (donde el recurso existía pero no así su explotación).

p align="justify">El vector Rusia 1991 / Argentina 1991 huele a esa propedéutica unívoca, pedorra y estigmatizante que resultó ser el Consenso de Washington, en tanto que en ambos puntos el Estado deja de ser el/un actor principal para dar paso a la mano invisible del mercado. Salvando las distancias, mientras nuevos gobiernos hablaban de poner a punto, agilizar y modernizar estos Estados burocráticos, lerdos y mastodónticos, también pasaban por encima de unas cuantas conquistas sociales relacionadas con los derechos del trabajador, la garantía universal de la salud y la educación. Alguno de nosotros postuló con bocha de lucidez que mientras la ciencia y la religión, con sus discursos de lo que es verdadero, se disputan cómo es el mundo, la economía y la política se disputan cómo debe ser manejado. En este sentido, los delfines soviético-rusos nos muestran cómo en los 90 la economía se impuso con toda la fuerza del déjalo ser por sobre la política, que ante tanta libertad autorregulada lo único que podía expresar era limitación. Despuntaban así los 90 con un mundo para nada bipolar y, ni por puto, asomo un mapa de integraciones regionales con voluntad de realización política.

6. Veinte años después

A manera de epílogo, baste actualizar algo de lo que pasó con todo esto dos décadas después de la primera importación de cetáceos soviéticos.

Vladimir Putin fue electo como presidente de la Federación de Rusia en marzo, luego de haber sido primer mandatario entre 2000 y 2008. En abril, la presidenta de Argentina, Cristina Fernández, anunciaba la reestatización de YPF. Ambas presidencias vienen consolidando una política económica que conjuga el desarrollo del sector privado con una actuación amplia por parte del Estado, tanto en el ámbito económico como en el social.

También a comienzos de este año Mundo Marino anunció el nacimiento del primer cachorro de delfín concebido mediante técnicas de fertilización in vitro en toda Sudamérica. El semen necesario para la fecundación de la hembra del acuario fue importado desde Sea World USA y seguramente fue más sencillo de transportar y menos costoso que un cetáceo entero.

En octubre, el multimedio estatal de la Federación de Rusia informó que se reanudaba el entrenamiento especial de delfines nariz de botella con fines militares en las costas del Mar Negro, según lo convenido en un acuerdo bilateral entre Rusia y Ucrania.

La importación de delfines provenientes de estados que hayan sido parte de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas sigue prohibida en nuestro territorio.

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