10 Feb 2014
Abejas vs. Humanos

Cinco razones por las cuales deberíamos replantearnos qué nos diferencia realmente de estos insectos.

Hagan la prueba. Esbocen la frase "condicionamientos biológicos" frente a un estudiante de sociología y esperen los resultados. Si no se escandaliza, si no actúa como si lo estuvieran atacando y no argumenta su reacción con un "ES QUE EL SER HUMANO ES SOCIAL", sepan que están frente a una excepción a la regla.

En general, la sociología tradicional aborda la raza humana como aquella que se diferencia del resto de las especies por su carácter "comunitario". Que el hombre se comunica, que no puede vivir solo y que no actúa repetitivamente sino que lo hace en función de su contexto.

En la carrera de Sociología de la Universidad de Buenos Aires no se estudian autores que hayan indagado en la posibilidad de que algunos comportamientos humanos están determinados biológicamente, porque eso pareciera que quedó viejo, que ahora "todo es social".

Sin embargo, desde la propia biología pareciera venir la pregunta: si existen animales sociales, ¿cuál es realmente la especificidad del ser humano?

Con algunos datos y el testimonio de Roberto Imberti, presidente de la Sociedad Argentina de Apicultores (SADA) y fan de las abejas, nos bastará para explicar por qué ciertas características que generalmente se le atribuyen solamente al ser humano, en realidad, las compartimos con otras especies.

Especificidad N°1 La sociabilidad: el hombre no puede vivir solo

Bla, bla, bla. Tocuen que escuchamos desde la primaria. Que el ser humano es la única especie social, que no sobrevive sino en comunidad y todo eso que nos explican para que nos adaptemos sin decir "mu" al sistema que nos transforma en trabajadores.

Ok, todo muy lindo, pero no. No es una especificidad y esta revista lo confirma: las abejas, como también las hormigas, las termitas y las avispas son insectos que están organizados en sociedades en las que impera la división de trabajo. También lo son algunos mamíferos, como la rata topo (horrible animal que recomendamos googlear solo por morbo). En el caso de las primeras, hay una reina, que es la que pone huevos. El resto de las hembras son las obreras, las laburadoras, que -de acuerdo con la edad que tengan- realizan una u otra tarea. Los machos son los zánganos, buenos sólo para fecundar a la reina, ya que luego pierden utilidad y son desterrados (cfr.: Ginepedia: zángano).

Sobre este tema, Imberti agrega un dato de apicultor: "El comportamiento de las abejas depende sin dudas del entorno. Si vos llevás colmenas de la Provincia de Buenos Aires a Entre Ríos o Corrientes, se vuelven más agresivas por las altas temperaturas y porque allí habitan pares más ofensivos. El contexto las marca mucho".

En resumen, no existe la vida de una abeja si no es en contacto con su ambiente y con las hasta 80.000 que pueden vivir con ella.

Primera especificidad: refutada. Especificidad N°2 El lenguaje: el hombre se comunica y transmite conocimientos

Bien. Muchos dicen que poseer tanto las capacidades físicas (es decir, tener un aparato vocal y pulmonar para emitir sonidos) como las mentales (la posibilidad de construir un código) para comunicarnos nos hace distintos al resto de las especies. Claro, algo así como "los monos podrán aullar para atraer hembras pero no te crean un cifrado de signos que puede transmitirse de generación en generación".

Sin embargo, debo comentarles que nos estamos olvidando de algo: la danza del abdomen. "Eso fue lo que más me llamó la atención cuando me acerqué al mundo de las abejas", explica Imberti, y no es para menos. Estos insectos sociales no sólo se comunican sino que lo hacen a través de un código encarnado en un extraño baile que ni siquiera precisa de aparato fonador. "Las abejas obreras (esas que se ocupan de que el panal llegue a fin de mes) utilizan este sistema para transmitir información a sus pares", dice el apicultor. Cuando éstas descubren una nueva fuente de alimento, regresan al panal y le cuentan al resto de las abejas de la colonia la ubicación y distancia de las que se encuentran de las flores. Para ello, vuelan en forma de ocho mientras menean su pequeña "cintura" de un lado a otro, más lento mientras más lejos se encuentre el alimento. Una especie de meneaíto de fiesta de 15 pero más copado y útil.

Así es como las que encargadas de recolectar alimentos se enteran de que hay más comida de donde robar y aseguran su supervivencia. Igual que nosotros cuando avisamos que se terminó el dulce de leche.

Segunda especificidad: refutada. Especificidad N°3 Capacidad de previsión: el hombre sabe lo que puede acarrear una acción

Esto se pone divertido. Las abejas hacen miel. Mucha miel que guardan en celdas dentro de su panal. Pero son precavidas: de ellas extraen sólo lo necesario para consumir en el día y guardan el resto para el frío, cuando hay poca floración. Y no sólo eso: agregan una gota de ácido fórmico a las sustancias que producen para que se conserven en el tiempo. Algo parecido al ser humano cuando sala carnes.

Además, Imberti completa: "Hay abejas más agresivas que invaden colmenas ajenas para robarles miel. ¿Porque les falta? No siempre. A veces lo hacen para tener de más por si hay momentos de escasez. Si vos ponés al lado de la colmena un tarro con miel, la abeja va a ir a buscarlo, aunque no necesite".

Y hay otro dato en relación a su capacidad de previsión: "La reina mantiene el equilibrio de la colmena. Si hay ya demasiadas abejas obreras, sin que nadie le indique, va a empezar a poner huevos no fecundados, que son los de los zánganos", dice Imberti. En definitiva, este insecto conoce bien qué consecuencias puede acarrear su acción. Y eso que no mide ni tres centímetros.

Tercera especificidad: refutada. Especificidad N°4 El hombre puede crear, usar y conservar útiles y herramientas artificiales

¿Perdón? ¿Dijeron crear y conservar? No sé si ustedes sabrán que las abejas construyen su propio panal en donde guardan el polen y la miel y además contienen las larvas que luego se transformarán en zánganos y obreras. Y no sólo eso, sino que además lo hacen con una rigurosidad inusitada: las celdas de los zánganos son de 8 milímetros y las de las obreras de 6 (aunque esto puede variar de acuerdo a la raza).

Gracias al armado de sus propias "casitas" es que ellas aseguran su supervivencia y también conservan eso que los humanos luego nos encargamos de comercializar y que es más útil que muchos de los aparatos que construimos los humanos 24x7. Bastante para ser tan pequeñas, ¿no?

Cuarta especificidad: refutada. Especificidad N°5 Autoconciencia: además de conocer lo que le rodea, el hombre se conoce a sí mismo

En la NASA hay un cartel que dice: "La abeja por sus dimensiones, peso y forma no podría volar pero en los hechos, ella no lo sabe". Ahora la pregunta es: ¿podemos concluir que tiene o no que no tiene autoconciencia? Ninguno de nosotros está ni estuvo en la cabeza de una abeja, así que no. Y como no podemos saberlo, tampoco podemos afirmar que los hombres somos la única especie que sí la posee. What a pity.

Quinta y última especificidad: imposible de comprobar.

Bueno, fijensé. El ser humano es único, sí, aunque todavía no sabemos bien por qué. Quizá las ciencias duras tengan algo para opinar, después de todo.

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